Monseñor José Vicente Conejero Gallego, obispo de Formosa, publicó un editorial en la edición de junio de la publicación diocesana Peregrinamos, en el que reflexiona sobre el tiempo litúrgico y la misión de la Iglesia.
El obispo de Formosa, monseñor José Vicente Conejero Gallego, publicó un editorial en la edición de junio de la publicación diocesana Peregrinamos. En el texto, el prelado agradece a Dios por haber permitido celebrar el Tiempo Pascual en comunión y alegría con los hermanos, creciendo en fraternidad y esperanza cristianas.
Tras culminar la Pascua del Señor con la Venida del Espíritu Santo en Pentecostés, la Iglesia se introduce nuevamente en el tiempo litúrgico ‘Durante el Año’, segunda parte. El obispo señaló que este período se inicia acompañado de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, y con la Santísima Trinidad, misterio central de la fe y la vida cristiana (CEC, 234). Prosigue con las solemnidades del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo y el Sagrado Corazón de Jesús, además de otras memorias y solemnidades litúrgicas del mes de junio, denominado por la diócesis como mes de la Caridad.
En su editorial, monseñor Conejero afirmó: ‘El programa ya existe. Es el de siempre, recogido por el Evangelio y la Tradición viva. Se centra, en definitiva, en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e imitar, para vivir en él la vida trinitaria y transformar con él la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celeste’ (NMI, 29).
El obispo sostuvo que amar e imitar a Jesucristo consiste en seguirle incondicionalmente hasta configurarse con él, acudiendo a él, cargando con su yugo y aprendiendo a ser pacientes y humildes de corazón (Cf. Mt 11, 28-30).
En el contexto actual de la Iglesia, guiados por el Espíritu Santo, los discípulos misioneros son amigos y testigos de Jesús en el mundo, contando con su amor e intercesión permanentes. Monseñor Conejero citó el documento Ad gentes (5) de la Iglesia católica, que señala: ‘La Iglesia, a impulsos del Espíritu Santo, debe caminar por el mismo sendero que Cristo; es decir, por el sendero de la pobreza, la obediencia, el servicio y la inmolación propia hasta la muerte, de la que surgió victorioso por su resurrección’.
Finalmente, el obispo indicó que en esta época de implementación de una Iglesia sinodal, en comunión, participación y misión, y en tiempos de la tecnología de la Inteligencia Artificial, la Iglesia asume de manera integral la Palabra que ilumina y humaniza con la verdad, la Eucaristía que nutre con el Cuerpo y Sangre del Señor, y el Servicio como entrega de la propia vida con amor a los hermanos, a ejemplo de Jesús.
