La comunidad católica de Formosa se congregó en la Parroquia María Auxiliadora para la celebración de la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, presidida por el obispo diocesano.
En la tarde del 7 de junio de 2026, la comunidad católica de Formosa se congregó en la Parroquia María Auxiliadora para celebrar la Misa Central de la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo. La ceremonia estuvo presidida por el obispo diocesano, monseñor Conejero Gallego, quien compartió una homilía centrada en el valor de la Eucaristía, los frutos de la comunión y la realidad social de la provincia, en coincidencia con la colecta anual de Cáritas. Al finalizar la celebración, los fieles iniciaron la tradicional procesión hacia la Iglesia Catedral portando el Santísimo Sacramento.
Durante su alocución, monseñor Conejero Gallego invitó a la feligresía a agradecer a Dios por el don de la fe, destacando que, a pesar de los pronósticos climáticos adversos, la jornada permitió una gran concentración de fieles. El obispo recordó la doctrina de la Iglesia respecto al sacramento central de la liturgia católica. “Reconocemos, como lo afirma el Concilio Vaticano II, a la Eucaristía como la fuente y la cima de la vida cristiana. Todos los sacramentos tienden hacia ella, en memorial de la pasión, muerte y resurrección del Señor”, expresó. Asimismo, resaltó la importancia de la presencia mariana en la identidad local: “Hoy estamos aquí, en esta parroquia de María Auxiliadora, una advocación tan hermosa y profundamente arraigada, juntamente con Nuestra Señora del Carmen, que es la patrona de Formosa, de la Diócesis y de la Provincia”.
El prelado instó a los creyentes a agudizar la mirada de la fe para descubrir la presencia de Dios en la vida cotidiana, enumerando la creación, la palabra sagrada y el prójimo como vías de encuentro con la divinidad. En este punto, hizo especial hincapié en la dignidad de los sectores más vulnerables de la sociedad. “Hay otra presencia en el hermano, en el prójimo, sobre todo en el que sufre, en el enfermo, el privado de libertad o el adicto. Esta dignidad de la persona humana no se pierde ni siquiera con el pecado, permanece siempre esta magnífica humanidad”, señaló, haciendo referencia a la reciente encíclica papal del 25 de mayo. No obstante, diferenció estas manifestaciones de la presencia real en el sacramento del altar: “Hay una presencia aún más importante y real con los ojos de la fe. La apariencia es pan y vino, pero una vez consagrados ocurre la transustanciación, el sacerdote pronunciando las mismas palabras de Jesús en la última cena”. En este sentido, recordó la tríada que guió su última editorial: “Palabra, Eucaristía y Servicio. La palabra de Dios que ilumina nuestra vida en tantas tinieblas, el cuerpo y la sangre del Señor que es alimento, y el servicio”.
El obispo repasó los efectos espirituales y comunitarios que genera la participación activa en el sacramento, basados en el Catecismo de la Iglesia Católica, vinculándolos directamente con el proceso de renovación institucional que atraviesa la diócesis. “El primer fruto de la comunión acrecienta nuestra unión con Cristo, porque sin Él nada podemos hacer. Sin el Señor nuestra vida es insípida. Además, nos separa del pecado al que estamos inclinados; a pesar del bautismo, quedan en nosotros secuelas y tentaciones”, enumeró. Respecto a la vida comunitaria, afirmó: “Fruto de la comunión es la unidad del cuerpo místico, la Iglesia. Es la Eucaristía la que la construye y edifica en los barrios, capillas y parroquias. Aquí no hay discriminación alguna, somos todos hermanos. Fortalece estas relaciones y vínculos que ahora, como Iglesia Sinodal, estamos en la fase de implementación. Nos tenemos que convertir para que nuestra fraternidad sea creciente”.
La celebración coincidió con el inicio de la colecta anual de Cáritas, un hito que monseñor Conejero Gallego unió históricamente a la festividad del Corpus Christi, denominada también en muchas comunidades como el Día de la Caridad. “La Eucaristía entraña también un compromiso a favor de los pobres. Recordando los 70 años, muchas iglesias del mundo siempre han hecho coincidir esta solemnidad con el Día de la Caridad y realizan la colecta de Cáritas, que debe ayudar a los más necesitados”, puntualizó. Hacia el cierre de su homilía, el obispo introdujo una reflexión de carácter social y espiritual sobre la condición humana y el ejercicio del poder, exhortando a la comunidad a adoptar una postura reflexiva ante las realidades mundanas. “Hoy podríamos decir: glorifica Formosa al Señor, el único Salvador y Redentor, el único que puede darnos vida en abundancia. Todo lo demás pasa en este mundo. El único que permanece y nos colma es Jesucristo”, aseveró. Finalmente, contrastó esta centralidad espiritual con las ambiciones terrenales: “Somos seres de polvo que no pueden salvar, vuelven al polvo y ese día aparecen todos sus planes. Algunos los utilizan para mantenerse en el poder, porque a la gente le gusta mandar, no solamente a sí mismo, sino también a los demás. Es verdad también adquirir conciencia crítica y nosotros como creyentes reconocer que el único Rey y Señor es Jesucristo, todos los demás pasamos. Ojalá que pasemos por este mundo como Jesús, haciendo el bien”.
Colaboración: “La Voz del Santuario Nuestra Señora del Carmen”, programa radial de la pastoral de la Comunicación de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen – Iglesia Catedral de Formosa. Fotografías: Lic. Franco Romero.
