Un abogado formoseño analiza cómo el avance de la tecnología y los algoritmos estarían configurando un nuevo sistema de dominación digital, reemplazando al capitalismo tradicional.
En un análisis reciente, el abogado Carlos Alberto Roble sostuvo que la política tradicional se encuentra en crisis y que figuras como Peter Thiel proponen confiar en la tecnología y el mercado como alternativa. Según Roble, Thiel considera que un sistema gestionado por algoritmos y contratos digitales sería más eficiente que la discusión política.
Roble señaló que este fenómeno se enmarca en lo que denomina tecnofeudalismo, concepto desarrollado por el economista Yanis Varoufakis. Según este enfoque, el capitalismo tradicional habría sido reemplazado por un esquema donde unas pocas corporaciones globales —los señores del «capital de nube»— extraen rentas monopolísticas. En este sistema, los usuarios pagan peajes invisibles en feudos corporativos.
El abogado citó al psicólogo Erich Fromm, quien en 1941 describió el «miedo a la libertad»: cuando el ser humano se enfrenta a su propia responsabilidad, prefiere buscar un amo que le diga qué hacer. Roble afirmó que la tecnología actual actúa como ese nuevo jefe supremo.
Roble describió tres hilos de control digital: la predicción (el sistema sabe qué comprará o pensará el usuario antes de que lo decida), la atención (estímulos incesantes que impiden la reflexión) y el miedo al vacío (temor a quedar fuera de las redes, el crédito o la visibilidad digital).
El análisis también recurre a Platón y Hegel. Roble comparó la situación actual con la caverna de Platón, donde las personas contemplan sombras en pantallas de alta definición. Citó la dialéctica del amo y el esclavo de Hegel para afirmar que el usuario moderno renuncia a la emancipación real a cambio de comodidad y personalización.
Finalmente, Roble sostuvo que el Estado no ha fallado, sino que las personas han claudicado en su voluntad de ser libres. La libertad, afirmó, es una labor artesanal que requiere esfuerzo continuo. Romper la cuadrícula digital implica apagar el ruido corporativo y asumir la propia conciencia.
