martes, 3 febrero, 2026
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Homilía de Monseñor Conejero: La Verdadera Alegría en el Adviento

Eate domingo 14 de diciembre de 2025, la feligresía de la Iglesia Catedral se congregó en la misa de las 8 de la mañana para recibir la Homilía del Monseñor Conejero, correspondiente al tercer domingo del tiempo de Adviento, también conocido como Domingo de Gaudete (Regocíjense). El prelado inició su disertación marcando el tono del día y del periodo litúrgico: «Queridos hermanos, celebramos hoy el tercer domingo de este tiempo de adviento, tiempo de esperanza, esperanza fundada en la venida de nuestro Salvador.» Esta esperanza, enfatizó, debe ser cultivada mediante la acción constante: «Por eso nos estamos preparando con un espíritu de oración de conversión sincera, de hacer el bien a los más pobres.» La señal visible de este gozo es la liturgia misma: «Hoy la liturgia nos invita a alegrarnos, por eso las velas que se encienden, hoy es la rosada símbolo de alegría.»


La Búsqueda de la Felicidad: Lo Efímero Frente a la Voluntad Divina

Monseñor Conejero dedicó un extenso segmento a desvelar la naturaleza de la verdadera alegría y felicidad, diferenciándola de las quimeras terrenales. Señaló que la humanidad se extravía al buscar la plenitud en caminos equivocados, como el materialismo y el poder.

«Nosotros los hombres buscamos la felicidad en el dinero, en el poder y en realidades que son efímeras, que terminan.»

Con un tono de realidad cruda, el obispo compartió una expresión local que utiliza para resumir la transitoriedad de las glorias mundanas: “Ya es clásico poder decir esta expresión que repito con tanta frecuencia, ‘opáitéma’, todo termina, todo se acaba.»

Frente a esta fugacidad, la homilía ofreció la clave inmutable de la felicidad genuina, arraigada en la fe y la acción de servicio. «La alegría y el gozo son frutos del Espíritu Santo,» afirmó, y procedió a definir el propósito superior del ser humano.

«La verdadera felicidad y la verdadera alegría consiste en hacer la voluntad de Dios, alabarle, bendecirle, glorificarle por su infinito amor, por su infinita misericordia y servir a los hermanos.»

Así, el mensaje central de la Palabra de Dios para este domingo es «redescubrir el verdadero lugar, motivo, fundamento del gozo y de la alegría, la verdadera, no la ficticia o la que pasa.»


Esperanza Profética y Realidades de la Peregrinación Terrenal

El Monseñor tejió el mensaje de alegría con las promesas del profeta Isaías, quien anunció un tiempo de restauración y prosperidad para el pueblo exiliado. «Ese desierto se va a convertir en un vergel donde habrá frutos abundantes, prosperidad, gozo de convivencia fraterna.» La invitación, entonces, es a la confianza: «alégrense, esperen en el Señor.»

Sin embargo, el gozo no exime de las pruebas de la vida, como recordó la exhortación de Santiago en la segunda lectura. El obispo fue enfático al señalar la necesidad de la paciencia como virtud indispensable para el peregrino.

«Por su parte Santiago en la segunda lectura que hemos escuchado nos dice pero tengan paciencia porque mientras peregrinamos en este mundo es propio de nuestra condición humana, de nuestro tiempo de peregrinación, de soportar y aguantar las adversidades, las luchas, los contratiempos y eso lo sentimos y experimentamos, la fragilidad, la enfermedad…»

El Dolor Social y el Llamado a la Solidaridad

El líder eclesiástico no se mostró ajeno a los desafíos sociales y políticos contemporáneos. Expresó su profundo malestar ante la discordia en la esfera pública: «las confrontaciones políticas que ya nos duele hasta la cabeza que en lugar del diálogo y el respeto por el bien común en la búsqueda de una convivencia fraterna, los dirigentes se pelean, los unos a los otros, se cambian de partido de uno al otro según los intereses, siempre el dinero parece que es lo que manda lamentablemente.»

A pesar de estas sombras, el Monseñor Conejero equilibró su crítica reconociendo los avances positivos: «Después también hay cosas buenas evidentemente y hay una mayor conciencia de solidaridad entre los hombres, también hay una mayor conciencia del cuidado de la creación, la ecología que debe de formar parte también de nuestros valores porque Dios lo creó todo para nosotros los hombres, para nosotros y las futuras generaciones.»


La Pregunta del Bautista y la Evidencia del Mesías

La homilía se detuvo en el encuentro entre Juan el Bautista y Jesús, un momento crucial donde la fe del Bautista es probada. Juan, desde la prisión, envía a sus discípulos a plantear la pregunta definitiva: ¿Es Jesús el Mesías, el esperado?

La respuesta de Jesús, según el Monseñor, es un acto de remisión a las obras, un testimonio palpable de la llegada del Reino.

«Vayan y digan a Juan lo que ustedes oyen y ven. Los ciegos ven, los sordos oyen, los paralíticos caminan, los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la buena noticia.»

El obispo explicó que esta enumeración no era casual; Juan, conocedor de las Escrituras, entendía que estas eran precisamente las señales mesiánicas anunciadas por Isaías. La llegada del Mesías, por lo tanto, significa la «Restaurar lo que está herido, devolver la libertad a los cautivos, vivir en la verdad, en la justicia, en la paz, en la fraternidad gozosa.» Esta certeza, concluyó, debió haber tranquilizado a Juan, quien ya había reconocido a Jesús como «el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.»


Conclusión: Firmeza y Gozo en la Espera del Señor

A modo de cierre, Monseñor Conejero sintetizó el espíritu del tercer domingo de Adviento, afirmando que el gozo cristiano es un escudo contra la desesperanza.

«Pues este domingo, tercero de adviento, domingo de alegría, confirmen nosotros el gozo y la alegría de saber que estamos con el Señor, y entonces se pueden superar todas las dificultades. No hay motivo para la tristeza ni las depresiones, porque todo esto va a pasar.»

La llamada final fue a la constancia en el bien: «Tengan sí, como nos decía Santiago, paciencia, sean constantes y firmes en hacer el bien, que ya llegará el Señor, y pronto.»

La homilía concluyó con la invitación a prepararse para la Navidad con la «certeza de que Dios nos ama, nos salva,» y con la intercesión de la Santísima Virgen María, patrona y ejemplo de mujer santa, para que «nos confirme y nos acompaña en este tiempo de Adviento.»

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