En una mañana marcada por el inicio de un nuevo ciclo calendario y la solemnidad litúrgica de Santa María Madre de Dios, la Catedral de Formosa fue escenario de un mensaje de profunda carga espiritual y política. El obispo de la Diócesis, Monseñor José Vicente Conejero Gallego, pronunció una homilía que trascendió lo protocolar para convertirse en una denuncia tajante de la realidad social y económica de la región.
Frente a una feligresía expectante, el prelado desglosó los desafíos que enfrenta la comunidad en este 2026, instando a los gobernantes y ciudadanos a abandonar la «propaganda» y abrazar una «justicia real» que comience por la equidad salarial y la protección de los más vulnerables.
La Bendición Divina como fundamento de la Paz
El obispo inició su intervención recordando la importancia de la gratitud. En un tono sereno pero firme, explicó que la presencia de la comunidad en el templo es una respuesta a la bondad previa de Dios. Citando el libro de los Números, recordó la bendición que el Señor pidió a Moisés para su pueblo, centrada en la protección y la paz.
«Demos gracias a Dios por el don de la vida. Estamos aquí reunidos en su nombre para bendecirle, glorificarle, alabarle. Pero es porque él mismo nos otorga su bendición. Dios es bueno y quiere lo mejor para sus hijos, que somos nosotros. Nos bendice, nos protege y nos concede la paz».
Para el obispo, esta paz no es un concepto vacío, sino una construcción diaria que comienza por la capacidad de los pueblos de alabar a Dios en libertad, reconociendo su presencia en la historia humana a través de la Virgen María.
Identidad y Libertad: «Ya no somos esclavos, sino hijos»
Reflexionando sobre las cartas de San Pablo, Monseñor Conejero Gallego abordó la dimensión teológica de la Navidad. Explicó que la llegada de Jesús en la «plenitud de los tiempos» no fue un evento meramente histórico, sino una transformación de la esencia humana.
«Ese hijo es el Redentor, el Salvador, el Unigénito del Padre… para que tomemos conciencia de nuestra más profunda identidad. Ya no somos esclavos, ni forasteros, ni extraños, somos hijos, hijos adoptivos de Dios, porque Dios ha tenido a bien enviarnos a su Hijo».
Esta filiación divina, argumentó, exige una fraternidad obligatoria entre los hombres. En un mensaje con tintes geopolíticos, resaltó que esta verdad debe ser aceptada de manera «libre y voluntaria, no impuesto a la fuerza», llamando a un diálogo respetuoso entre todas las naciones y pueblos de la tierra.
El flagelo del «ruido» y la denuncia de los «atorrantes»
Uno de los momentos más comentados de la homilía fue cuando el obispo se refirió a la calidad del discurso público contemporáneo. En una era de sobreinformación, Conejero Gallego pidió volver a la sencillez del Evangelio y criticó a quienes hablan sin contenido profundo.
«Escuchamos a atorrantes y a personas que hablan y hablan y hablan, y no tienen de fondo contenido profundo, no sé si son conscientes, ellos están engañados o pretenden engañar a los demás, el único que tiene la Palabra es la Palabra de Dios».
Utilizando una pintoresca expresión de su tierra natal, comparó a ciertos disertantes y políticos con los antiguos objetos de utilería: «aburren, como dicen en mi tierra, al caballo de un fotógrafo… los que tanto hablan y hablan, y en el fondo no dicen nada». El prelado instó a la comunidad a no dejarse deslumbrar por títulos de doctores o cargos públicos si estos no vienen acompañados de una verdad que salve y dé sentido a la existencia.
Radiografía de la crisis: Desigualdad y realidad en las calles de Formosa
Monseñor no evitó el choque con la realidad política local. Denunció la brecha existente entre el discurso oficial y lo que él mismo observa desde la ventana del Obispado. Para el prelado, el término «justicia social» se ha vaciado de contenido en la práctica.
«Hoy más que nunca, porque hay muchas desigualdades, iniguas, por más que quieran justificar diciendo que son modelos igualitarios y justicia social, no se lo creen ni ellos, porque uno sale a la calle y ve, yo en la puerta del Obispado todos los días tengo siete o ocho varones ahora mismo cuando salía, que están tirados en el suelo, sin trabajo».
Habló sobre la angustia de las familias formoseñas que no logran cubrir las tarifas de servicios públicos: «uno escucha a la gente y en los barrios, ya lo saben ustedes, apenas llegan a final de mes, no tienen para apagar el agua, la luz, no alcanza… viven angustiosamente». Ante este panorama, exigió honestidad intelectual a la dirigencia: «no nos mandemos la parte de que esto es el paraíso terrenal».
El cuestionamiento a los sueldos políticos y el gasto armamentista
En un análisis económico directo, el obispo cuestionó la disparidad salarial en la administración pública, señalando que la falta de equidad es el origen de la conflictividad social.
«Si no se comience por los sueldos, como un diputado o un senador va a ganar 10 palos, como dicen, 8, y un empleado no llega a 300 o 400 mil pesos, no, no alcanzan, eso lo tienen ustedes, esa es una realidad… manos a la obra, habrá que ser realistas».
A nivel internacional, adhirió a la propuesta del Papa Francisco por una «paz desarmada y desarmante». Condenó que los presupuestos de las naciones prioricen la carrera armamentista por encima de la salud y la educación, pidiendo que los frutos del Año Santo Jubilar se traduzcan en un mundo más fraterno y menos violento.
Un compromiso pastoral para 2026
La homilía cerró con el recordatorio del lema pastoral para la Diócesis: “Jesucristo, el Señor, nos amó y se entregó por nosotros, agradecidos permanezcamos siempre en su amor”. Monseñor Conejo Gallego pidió a los fieles que este lema no quede solo en el papel o en proclamas vacías.
«Pidamos a Santa María, Madre de Dios, que nos conceda entrañas de humildad, de misericordia, de paz, de justicia verdadera, y no de escaparate, o de propaganda, sino real, concreta».
Instó a la población a vivir en la «sobriedad, en la sencillez, en una pobreza digna, libre y voluntaria», cultivando un corazón generoso que permita a todos los hijos de Dios vivir con alegría hasta alcanzar el Reino Celestial.
