lunes, 12 enero, 2026
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Dioxitek en Formosa: Crónica de un Fiasco Millonario y el Ocaso de la Promesa de la Formosa Nuclear

La actualidad política y energética de la provincia de Formosa se vio sacudida en las últimas horas tras la difusión de una entrevista al flamante secretario de Asuntos Nucleares de la Nación, Federico Ramos Napoli. En sus declaraciones, el funcionario designado por el presidente Javier Milei expuso con crudeza las graves irregularidades y el estado de abandono del proyecto de la nueva planta de uranio situada en el Polo Científico y Tecnológico.

En este contexto, el programa radial «Exprés En Radio», emitido por FM VLU 88.5 del Grupo de Medios TVO, convocó al docente, investigador universitario y exconvencional constituyente, Blas Hoyos, para desmenuzar lo que él mismo define en su reciente columna como «Dioxitek: un proyecto que nació muerto y un fiasco para los formoseños». Durante una extensa charla con el periodista Daniel Moreira Vieira, Hoyos reconstruyó la trama de un negocio que, a su juicio, siempre careció de lógica económica y ambiental.


El «sumidero» de recursos públicos: Revelaciones de Ramos Napoli

La gestión de Ramos Napoli al frente de Dioxitek —empresa que hoy depende directamente del Ministerio de Economía— ha dejado al descubierto un des manejo financiero de magnitudes alarmantes. El secretario denunció que el proyecto de Formosa sufrió modificaciones constantes que lo transformaron en un «sumidero de recursos públicos», destacando que se encontró un «agujero presupuestario de 4000 millones de pesos que hubo que saldar a lo largo de 2025».

Según la información oficial, la planta fue promovida en 2014 con la promesa de estar operativa para el año 2020. Sin embargo, los plazos caducaron y la obra se convirtió en una mole de cemento inerte. «El proyecto de Formosa es un ejemplo típico de la pobre gestión de proyectos que el sector nuclear argentino mostró hasta la fecha», disparó Ramos Napoli, quien además describió el proceso de toma de decisiones como errático y carente de un norte productivo claro.

Un origen marcado por la resistencia social y el «descarte» federal

Blas Hoyos recordó que la llegada de Dioxitek a Formosa en 2013 no fue producto de una planificación estratégica, sino el resultado de que la empresa fuera expulsada de otros puntos del país. «En Córdoba se genera una movida, una pueblada y un estado general de resistencia a la contaminación que estaba desarrollando Dioxitek. Entonces empiezan a buscar planes alternativos», relató el investigador.

Tras intentos fallidos de instalarse en La Rioja y Mendoza, donde el rechazo social fue absoluto debido al temor por la contaminación, la empresa encontró en el gobierno de Formosa un receptor dispuesto, a pesar de las advertencias técnicas. «Llegaron a un acuerdo realmente muy raro con el gobierno de la provincia y decidieron establecer la planta en la ciudad de Formosa, que quedaba absolutamente a trasmano de todo», enfatizó Hoyos.

La falacia de la «Energía Barata» y el costo ambiental

Uno de los puntos más encendidos de la entrevista fue el análisis de la narrativa oficial utilizada en su momento para convencer a la ciudadanía. Se hablaba de una «Formosa Nuclear», de la instalación de un reactor Carem y de una reducción drástica en los costos de la factura de luz.

Para Hoyos, esto fue solo un montaje: «Hubo todo un montaje de consignas huecas… que íbamos a tener un desarrollo nuclear de mano de obra y recursos extraordinario que nunca ocurrió. Nunca ocurrió eso». El investigador subrayó que el proyecto solo buscaba que Formosa pagara el costo ambiental para que las centrales de Atucha (Buenos Aires) y Embalse (Córdoba) pudieran seguir operando.

En términos técnicos, Hoyos detalló el peligroso y costoso proceso logístico:

  • Materia Prima: El yellow cake (torta amarilla) debía importarse desde Canadá hasta Buenos Aires.
  • Logística Absurda: Desde el puerto, debía recorrer 1.400 km hasta Formosa para ser procesado y luego ser enviado de regreso a Córdoba o Buenos Aires.
  • Residuos Tóxicos: «De cada 100 kg de la materia prima, solamente se producía 1 kg de dióxido de uranio… y generaba 99 kg de residuos que debían ser acondicionados y dejados acá en Formosa».

Incertidumbre judicial y el futuro de la planta

El exconcejal también rememoró las batallas judiciales libradas contra la instalación de la planta, mencionando presentaciones ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Denunció que se vulneraron artículos de la Constitución Provincial que prohíben el manejo de residuos nucleares, mediante el artilugio legal de clasificar el proceso como un tratamiento químico y no atómico.

Hoy, la incertidumbre es total. Ramos Napoli admitió que, si bien la planta de Córdoba deberá cerrar en algún momento, no existen precisiones sobre el futuro de la infraestructura en Formosa. «La situación a futuro es absolutamente incierta. Si ni siquiera la planta que ya está funcionando en Córdoba tiene un futuro claro, las perspectivas para lo que todavía está en construcción aquí son mucho menores», reflexionó el periodista Moreira Vieira, en sintonía con la visión de Hoyos.

Una «desgracia con suerte»

Al concluir la entrevista, Blas Hoyos dejó una reflexión inquietante pero esperanzadora para los sectores ambientalistas: «Creo que esto es una desgracia con suerte. Es un fiasco más para los formoseños, pero los efectos devastadores de una contaminación a partir de residuos nucleares podrían haber sido graves».

Para el docente, el fracaso operativo del proyecto ha evitado, por ahora, que Formosa se convierta en el depósito de residuos tóxicos de un sistema que nunca estuvo diseñado para beneficiar a los habitantes del norte argentino. La planta queda hoy como un monumento a la desidia administrativa y al gasto público sin control, en espera de una definición política que parece no llegar.

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