viernes, 16 enero, 2026
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Lote 111: Un hombre se encadenó para denunciar narcotráfico y causas armadas

El barrio Salvador Gurrieri —históricamente conocido como Lote 111— se convirtió en el escenario de una protesta desesperada. Miguel Galarza, vecino y empleado público, decidió que las cadenas eran su último recurso para ser escuchado. En una entrevista exclusiva con el programa “Exprés En Radio” de FM VLU 88.5, el hombre desnudó una trama de connivencia policial, persecución judicial y una inseguridad que desmiente los discursos oficiales.

El cuerpo como escudo: La decisión de encadenarse

La mañana en Formosa no solo trajo alertas por tormentas, sino también el estallido de un conflicto vecinal que venía cocinándose a fuego lento. Miguel Galarza no se encadenó por un impulso ciego, sino como el resultado de lo que él define como una inacción sistémica. “Yo tomé esta lógica determinación de encadenarme porque aquí hay una banda de narcotraficante que vende marihuana como quiere a dos manos y yo hice todas las denuncias, más de 10 denuncias, 12, y la policía no hace caso absolutamente”, explicó con voz firme pero cargada de cansancio.

Galarza relató cómo el barrio ha sido tomado por estructuras delictivas que operan a plena luz del día, frente a la mirada indiferente, o cómplice, de las patrullas. La victimización no termina en el robo, sino en el acoso constante: “Se enojan porque dice que yo le observo y que yo llamo cada rato a la policía. Sí, ¿cómo no voy a llamar si acá se está… esto supuestamente el ministro de gobierno y seguridad dice que acá no hay inseguridad?”.

La «fábrica» de causas: La denuncia de una persecución policial

Lo más alarmante del testimonio de Galarza radica en el supuesto «modus operandi» de la fuerza policial para silenciar a los vecinos denunciantes. Según su relato, la respuesta a sus llamados no fue la protección, sino el armado de expedientes en su contra. “La policía está muy equivocada porque le voy a iniciar un juicio a la policía… hoy quiero sacar a la luz a mí la policía me armó tres causas gravísimas. Me armó en complicidad con los vecinos”, sentenció.

Galarza detalló un episodio inquietante que involucra a una oficial de policía y un presunto intento de sabotaje doméstico: “Inclusive acá un oficial de policía, una mujer femenina, le trajo una garrafita a mi señora… una cocinita de mesa todo podrido… con mala intención le trajeron para que reviente esa cocina y para que explote por el aire”. El vecino asegura que, mientras él estaba ausente, la policía «hizo un circo» en su hogar, preparándole lo que en la jerga denomina «la camita» para incriminarlo en delitos que no cometió.

Entre el penal y el sobreseimiento: «Me vendieron pescado podrido»

La estrategia de la fuerza, según el denunciante, incluyó su detención en unidades donde su vida corrió peligro. “Al juez le vendieron pescado podrido la policía… me llevaron y me tiraron a la calle un día para que los presos me mataran o me jugaran todo mal, pero gracias a Dios salí bien”, relató. Incluso mencionó que los propios internos se sorprendían de su presencia allí debido a su edad y perfil de trabajador.

A pesar de que los partes policiales oficiales del día de ayer intentaron reflotar antecedentes del 2023 relacionados con violencia de género y amenazas con arma blanca, Galarza fue tajante: “Yo tengo el sobreseimiento definitivo de la causa que ellos me implicaron. Ahora que se aguanten… le vamos a iniciar una querella criminal a todos los policías que me involucraron”.

Un llamado a las autoridades nacionales

Ante lo que considera una justicia local y una cúpula policial sorda a sus reclamos, Galarza ha decidido saltar las fronteras provinciales. En la entrevista, confirmó que ha enviado misivas a las figuras más altas del gobierno nacional. “Ya mandé nota incluso a la presidente de la Nación. Ya mandé también a Patricia Bullrich, a Villarruel, al presidente de la Cámara de Diputados. Yo les voy a mandar todos los informes”, afirmó, buscando que la intervención federal sea el contrapeso a lo que percibe como un feudo de impunidad en su barrio.

El Salvador Gurrieri: Un barrio en el límite de la barbarie

El cierre de la entrevista radial dejó una reflexión profunda sobre la realidad del Salvador Gurrieri. No se trata solo de un hombre encadenado; se trata de una comunidad donde los machetazos, los ataques en manada y el narcomenudeo son el paisaje cotidiano. “Decir que no hay inseguridad en el Salvador Gurrieri es tomarle el pelo, sinceramente, a la gente que medianamente tiene dos dedos de frente”, expresaron desde la mesa periodística de FM VLU.

La nota concluye con una advertencia sombría: si el Estado continúa negando la existencia de estas zonas críticas, el deterioro social llegará a un punto irreversible. Mientras tanto, Miguel Galarza permanece junto a sus cadenas, prometiendo que el siguiente paso será una huelga de hambre. “Mi lucha es fuerte, mi lucha yo no me voy a callar. Como dice Gabriel: no es tiempo de callarse, es tiempo de denunciar, es tiempo de decir la verdad”, finalizó.

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