sábado, 17 enero, 2026
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El asalto a la guarnición de Azul de 1974 fue el punto de inflexión política bajo la presidencia de Juan Perón

Este 19 de enero se cumple un nuevo aniversario del ataque a la guarnición de Azul llevada a cabo en 1974 por la organización guerrillera ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo). Si bien este hecho está hoy prácticamente olvidado, o simplemente desconocido, en su época fue relevante dados los dramáticos momentos vividos. Pero, además, sobre todo, ese acontecimiento originó significativos cambios de orden político en el gobierno constitucional de entonces. Por ello, comenzaremos narrando los hechos del ataque, advirtiendo desde un inicio que sobre los sucesos ocurridos existen versiones diferentes (y hasta contradictorias); luego, para situar el contexto histórico en que se desarrolló dicho asalto, comentaremos algunos antecedentes; finalmente, nos referiremos a las consecuencias políticas del ataque.

Empezamos entonces por los hechos relativos al operativo de la guerrilla. En cuanto al lugar, estos se desarrollaron en la guarnición militar que estaba ubicada en la ciudad de Azul, provincia de Buenos Aires, a unos 250 km de la Ciudad de Buenos Aires. Abarcaba una extensión de aproximadamente 40 hectáreas y allí tenían su asentamiento dos agrupaciones del Ejército. Por otra parte, en cuanto a los guerrilleros, estos utilizaron como base de operaciones una quinta cercana a la guarnición donde solo se hallaba un casero. Se ubicaron allí todos los pertenecientes a la agrupación (no está claro su número total, que oscilaría entre cincuenta y cien). Los atacantes estaban organizados en diferentes grupos que se ocuparían de distintas tareas, siendo uno de ellos el denominado “tanque”, que debía ocupar el tanque de agua, lugar elevado que ofrecía una buena posición de tiro.

La ofensiva comenzó cerca de la medianoche y se extendió durante toda la madrugada del día 20 de enero. Los agresores llevaban uniformes que imitaban a los del Ejército, lo que provocó confusión entre los bandos enfrentados. Los insurgentes accedieron al cuartel por la parte trasera, moviéndose en medio de una total oscuridad. Avanzaban en fila india cuando un centinela les ordenó detenerse, ante lo cual intentaron engañarlo con una justificación, pero como el soldado no se dejó persuadir y les apuntó con su arma, uno de los atacantes le disparó y lo mató. Al perder el elemento sorpresa, no les quedó otra opción a los guerrilleros que iniciar el ataque frontal, por lo cual estos lanzaron entonces el asalto sin haber neutralizado previamente a las guardias, como era el plan original. Si bien lograron tomar el control de la guardia principal y del casino de oficiales, las fuerzas militares respondieron rápidamente, consiguiendo instalar una ametralladora en lo alto del tanque de agua y desde esa posición comenzar a disparar.

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Un grupo de los insurgentes se dirigió a las residencias de los jefes de la unidad, el teniente coronel Jorge Roberto Ibarzábal y el coronel Camilo Arturo Gay. Al encontrarlos, afirmaron pertenecer a otro regimiento movilizado para frenar un supuesto golpe de Estado, ante lo cual Ibarzábal y Gay aceptaron colaborar en la resistencia contra el presunto levantamiento. En determinado momento, un guerrillero les ordenó ponerse de espaldas con las manos en la cabeza, ante lo cual Gay intentó sacar su arma, pero fue alcanzado por varios disparos y murió. Los atacantes capturaron a Jorge Ibarzábal, segundo al mando de la guarnición, y lo tomaron como rehén junto a la esposa de Gay.

Los guerrilleros no lograron apoderarse de varios de los sectores que tenían como objetivos y uno de los jefes del operativo del ERP, Enrique Gorriarán Merlo, decidió retirarse sin informar al otro grupo, ya que supuestamente una falla en las comunicaciones impidió que los 17 guerrilleros restantes recibieran la orden de retirada. De esta forma, estos quedaron atrapados en el cuartel y debieron rendirse posteriormente. Por otro lado, a la madrugada del 20 de enero, llegaron refuerzos militares provenientes de la infantería de marina cercana a Azul, acompañados por efectivos del Ejército. Más tarde, se sumaron refuerzos de la policía provincial y federal, así como de otros destacamentos militares, dando fin al fallido ataque.

El resultado de la frustrada agresión fue las muertes del coronel Gay y la del soldado que estaba de guardia, así como las heridas que sufrieron otros soldados. También falleció la esposa del coronel Gay, hecho sobre el cual existen encontradas versiones (no está claro si fue herida accidentalmente por las fuerzas militares o por uno de los guerrilleros). Asimismo, el teniente coronel Ibarzábal permaneció por varios meses secuestrado por el ERP y terminó siendo asesinado. Asimismo, resultaron muertos en el momento (o después) unos tres guerrilleros y cerca de doce fueron detenidos y permanecieron presos hasta el final de la dictadura.

Ahora bien, hasta aquí un breve y aproximado relato de los hechos. Pero narrar un hecho aislado no es suficiente, sino que se lo debe acompañar de un contexto histórico que permita una adecuada interpretación de este. Por ello, ahora primero comentaremos diversos antecedentes y luego nos referiremos a las consecuencias del fallido asalto.

Cabe recordar así que se habían llevado a cabo elecciones presidenciales libres el 11 de marzo de 1973, triunfando la fórmula Héctor Cámpora – Vicente Solano Lima, candidatos del Frejuli (Frente Justicialista de Liberación, integrado por el Partido Justicialista y otros partidos menores). Cámpora había asumido como presidente el 25 de mayo de ese año, pero su mandato fue muy breve ya que, debido a distintas presiones, se vio obligado a renunciar menos de dos meses después. Se realizó entonces un nuevo llamado a elecciones presidenciales, las cuales se llevaron a cabo el 23 de septiembre, imponiéndose la fórmula Juan Perón – María Estela Martínez de Perón (conocida popularmente como Isabelita). Fue así como, después de estar proscripto durante 18 años, Perón asumió su tercer mandato como presidente el 12 de octubre.

Asimismo, con referencia a la situación interna del peronismo, hay que tener en cuenta que existían sectores claramente opuestos, como había quedado de manifiesto pocos meses atrás, en el hecho conocido como la “masacre de Ezeiza”. Recordemos que el 20 de junio de 1973, el general Perón regresaba definitivamente al país y se había decidido que se dirigiese a la multitud desde un palco montado a la altura del llamado “Puente 12″, en la autopista Ricchieri que conduce hacia el aeropuerto de Ezeiza, donde llegaría el avión que lo traía al país. En esa ocasión, hubo un enfrentamiento trágico entre distintas facciones peronistas. Por una parte, estaban los sectores de derecha, como los del Comando de Organización, la Concentración Nacional Universitaria y la Juventud Sindical Peronista; por otra parte, estaban los sectores de izquierda, como FAR y Montoneros. Los grupos de derecha dominaban el palco y sectores cercanos, pero a la vez los grupos de izquierda pretendían acercarse a él. El resultado fue el estallido de un violento tiroteo entre ambas facciones, del cual resultaron numerosos muertos y heridos.

También debe recordarse que existían principalmente dos organizaciones guerrilleras, Montoneros y ERP. En cuanto a la primera, hay que mencionar que las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) se había fusionado con Montoneros el 12 de octubre de 1973, pasando a actuar ambas organizaciones bajo el nombre de la segunda y constituyéndose en el grupo guerrillero más importante del país. Esta organización se enrolaba dentro del peronismo y había anunciado que interrumpía las acciones armadas durante los gobiernos de Cámpora y de Perón, reanudándolas recién un par de meses después del fallecimiento del líder peronista.

Por otra parte, en cuanto al ERP, recordemos que no pertenecía al peronismo sino que se identificaba con el marxismo y que no había suspendido las irrupciones armadas durante los citados gobiernos. De hecho, en el interregno en que ocupaba la presidencia interinamente Raúl Lastiri (entre la renuncia de Cámpora y la asunción de Perón), el ERP había realizado un importante operativo el 6 de septiembre de 1973. En la madrugada de ese día, un grupo de guerrilleros había intentado el asalto al Comando de Sanidad del Ejército Argentino, ubicado en la Ciudad de Buenos Aires. En ese ataque, como los guerrilleros habían contado con la complicidad de uno de los soldados conscriptos, habían tomado las guardias y copado las instalaciones. Sin embargo, como dos soldados conscriptos habían logrado escapar y habían avisado a la policía, prontamente efectivos de esta fuerza y del ejército rodearon el lugar. Hubo un tiroteo, resultaron varios heridos y finalmente los guerrilleros se rindieron y terminaron presos hasta el fin de la dictadura.

Un último pero principal factor a tomar en cuenta sobre el contexto histórico es la actitud de Perón ante la guerrilla, que había ido cambiando con el tiempo. Durante los gobiernos militares de la llamada “Revolución Argentina” (1966-1973), para desestabilizarlos, Perón había alentado a las organizaciones armadas (las llamaba “formaciones especiales”). Sin embargo, una vez que el objetivo de terminar con dichos gobiernos estaba cumplido y se había logrado que el peronismo accediese al poder, su postura se fue modificando. En el discurso que Perón pronunció en su retorno al país luego de los comentados sucesos de la denominada “masacre de Ezeiza”, ya marcó un distanciamiento implícito con los grupos de la izquierda peronista. Después, luego del asesinato del secretario de la CGT José Ignacio Rucci, ocurrido en septiembre de 1973, el líder justicialista había avalado lo que se conoció como el “documento reservado” suscripto por el Consejo Superior Justicialista, el cual pese a su denominación tuvo estado público. En él, se señalaba que el mencionado asesinato constituía el punto más alto de una escalada de “agresiones” llevadas a cabo contra el Movimiento Nacional Peronista por “grupos marxistas terroristas y subversivos”, a la vez que se enumeraba una serie de directivas para enfrentar dichas “agresiones”. Asimismo, se mencionaba la “infiltración de grupos marxistas” en sus cuadros con el objetivo de desvirtuar sus principios.

Entonces, es dentro del contexto histórico mencionado que se produjo el ataque a la unidad de Azul, el cual lo que hizo fue aumentar el enfrentamiento de Perón con las organizaciones armadas en general y con sectores internos de su movimiento en particular. En efecto, horas después del asalto, por cadena nacional y vestido con uniforme militar, Perón emitió un enérgico mensaje en el cual, entre otras cuestiones, señalaba: “Estamos en presencia de verdaderos enemigos de la Patria, organizados para luchar en fuerza contra el Estado al que a la vez infiltran con aviesos fines insurreccionales. (…) Ya no se trata de contiendas políticas partidarias, sino de poner coto a la acción disolvente y criminal que atenta contra la existencia misma de la patria (…) El aniquilar cuanto antes este terrorismo criminal es una tarea que compete a todos los que anhelamos una patria justa, libre y soberana”.

También cabe mencionar la reunión que mantuvo Perón con ocho diputados pertenecientes a la corriente de izquierda del peronismo el 22 de enero de 1974, quienes habían pedido una reunión con el líder porque objetaban un proyecto de ley que reformaría el Código Penal incorporando medidas represivas. Si bien se suponía que iba a ser un encuentro a solas entre ellos, Perón esperó a los diputados en un salón de la quinta presidencial donde había periodistas y cámaras de televisión, ocasión en que el líder justicialista con tono amenazante les dijo: “Nosotros vamos a proceder de acuerdo con la necesidad, cualquiera sean los medios. Si no tenemos la ley, el camino será otro, y les aseguro que, puestos a enfrentar violencia contra violencia, nosotros tenemos más medios para aplastarlos, y lo haremos a cualquier precio. Porque a la violencia no se le puede oponer otra cosa que la propia violencia”. Por cierto, pocos días después, los ocho diputados renunciaron a sus bancas.

Como puede verse, si bien el ataque al cuartel de Azul fue llevado a cabo por los guerrilleros del ERP (que no formaban parte del peronismo), Perón utilizó dicho ataque para enfrentar a sectores que sí pertenecían a su movimiento. Como señala la historiadora Marina Franco en su libro Un enemigo para la nación: “Los planteos gubernamentales sobre los hechos de Azul se asimilaron y confundieron con los lineamientos de la ‘depuración’ interna del partido (…), superponiendo los perfiles del enemigo interno del peronismo con los del enemigo interno de alcance general (…) Se mezclaba con la idea de una infiltración marxista, de origen externo, instalada dentro de las fronteras nacionales, que debía ser combatida por todos los medios”.

En suma, más allá de los dramáticos sucesos vividos durante el ataque al regimiento de Azul, dicha acción tuvo consecuencias políticas relevantes. El endurecimiento de la postura de Perón no solo contra los grupos guerrilleros declaradamente marxistas, sino (y principalmente) contra sectores del propio movimiento peronista marcarían un nuevo hito en el enrarecimiento del clima político de aquellos años. Poco tiempo después, el 1° de julio de 1974, moriría el líder justicialista, con lo cual aumentaría más aún la espiral de violencia política que finalmente desembocaría en la trágica dictadura militar iniciada en marzo de 1976.

*Doctor en Ciencias Sociales IG: @carloscampora01

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