En una mañana marcada por la devoción y el recogimiento, la Iglesia Catedral de Formosa fue escenario de una homilía profunda y movilizadora. Durante la misa de las 8 hs, Monseñor José Vicente Conejero Gallego se dirigió a la comunidad con un mensaje que trascendió lo litúrgico para convertirse en un análisis social y espiritual del presente. En un contexto global de incertidumbre, el Obispo llamó a los fieles a redescubrir la identidad cristiana a través del silencio, la oración y, fundamentalmente, la lectura de las Sagradas Escrituras.
El Eco de la Navidad en un Mundo Aturdido
Aunque el calendario litúrgico avanza, el mensaje de la encarnación sigue resonando con fuerza en la sede episcopal. Monseñor inició su alocución recordando el fundamento de la esperanza cristiana: «La palabra de Dios se hizo carne y habitó entre nosotros. Este es el gran anuncio que hemos repetido a lo largo del pasado tiempo de la Navidad. Tiempo cercano y ya estamos hoy a 18, más de la mitad del mes.» Con una mirada atenta a la realidad cotidiana, el prelado observó cómo el ritmo de las vacaciones y el consumo mediático pueden alejar al ser humano de su centro espiritual. En un tono pastoral y cercano, reflexionó: «Demos gracias a Dios que nos permite celebrar juntos el misterio de la fe, la Eucaristía, en medio de este mundo cambiante, conflictivo. Mucha gente, la que puede, claro, está de vacaciones y dentro de los medios de comunicación social, que a veces nos aturden y tendremos que cortar y apagar, porque si no nos vuelven locos. ¿Qué necesidad tenemos de silencio, de oración, de celebrar juntos la Eucaristía? Así que demos gracias a Dios.»
Jesucristo: El Único Sentido de la Vida
Para Monseñor Conejero Gallego, la figura de Jesús no es una abstracción, sino una presencia viva que debe iluminar cada acción humana. Destacó que el envío del Hijo es la mayor prueba del amor del Padre y la única respuesta ante la angustia existencial. «La palabra de Dios, que es Jesucristo el Señor, que se ha hecho carne en el seno purísimo de la Virgen María por obra y gracia del Espíritu Santo, es quien nos ilumina, quien nos da la paz, la alegría, el sentido de la vida. Movido por amor, el Padre Dios nos ha enviado a su Hijo, luz, paz, gracia, salvación, redención, y no hay otro.»
En este sentido, hizo especial hincapié en la necesidad de pasar de la teoría a la práctica, evitando una fe puramente nominal. «Por eso la Iglesia insiste, como es la intención del Papa León, para este mes de enero, que oremos con la palabra de Dios, con Jesús, con la palabra inspirada que proclamamos en la primera parte de la misa, y que tenemos que habituarnos a leerla, meditarla, y pedir también la gracia de ponerla en práctica, como Jesús nos enseñaba, porque no solamente aquel que dice Señor, Señor entrará en el reino de los cielos, sino el que escucha la palabra y la practica.»
El Legado del Concilio Vaticano II y la «Luz de las Naciones»
La homilía también tuvo un fuerte componente histórico y eclesiológico. El Obispo recordó la vigencia de los documentos conciliares, mencionando el 60° aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II. Explicó cómo la Iglesia se define a sí misma como una portadora de luz para toda la humanidad. «En la primera lectura hemos escuchado al profeta Isaías dirigiéndose al pueblo y al futuro Mesías, a Jesús, no solamente eres mi servidor, yo te hago luz de las gentes, luz de las naciones. Este es el primer título, el título que lleva la constitución dogmática de la Iglesia del Concilio Vaticano II… ese gran acontecimiento sinodal que el Papa Juan XXIII convocó para toda la Iglesia, todos los obispos del mundo, y que continuó después Pablo VI, ambos son santos, tanto San Juan XXIII como San Pablo VI.»
Además, destacó la importancia de la Constitución Dei Verbum y el próximo Domingo de la Palabra de Dios, instituido por el Papa Francisco. «El domingo próximo vamos a celebrar el Domingo de la Palabra de Dios, una jornada instituida por el Papa Francisco para cada tercer domingo del tiempo ordinario, así que el próximo 25 celebraremos el Domingo de la Palabra de Dios, que está por tanto en sintonía con la intención del Papa de este mes de enero, de que oremos con la Palabra de Dios.»
La Paz: Un Clamor Urgente Contra la Codicia y el Poder
Uno de los momentos más intensos de la nota periodística que recoge sus palabras fue el clamor por la paz social. Conejero Gallego describió un panorama de confrontación que afecta desde el seno familiar hasta las relaciones internacionales. «En la oración colecta de este segundo domingo hemos pedido al Señor que escuche la voz de su pueblo, y que es lo que le hemos pedido, la paz en nuestro tiempo, una paz tan necesaria de nuestros corazones, de nuestras familias, de los ciudadanos, de los países, de las naciones, que viven en confrontación, en guerras, en mentiras, en tensiones ideológicas.»
El Obispo instó a la perseverancia en la oración, comparándola con la parábola de la viuda insistente, pero aclaró que la paz no es un decreto externo, sino un estado del alma que se pierde por la ambición. «Entonces si nosotros insistimos a Dios que nos conceda la paz, en este tiempo en que vivimos, ojalá que el Señor diga, bueno voy a escuchar a estos hijos que insisten y claman por la paz, pero para eso hay que tenerla en el corazón. Si somos discípulos, testigos de Jesús, tendremos la paz, si le seguimos a Él. Ahora, si nos dejamos conducir por nuestros pensamientos, la avaricia, la codicia, el poder, entonces no podemos tener ni paz dentro del corazón, ni podemos tampoco transmitirla, ni testimoniarla a los demás.»
Liderazgos de «Pacotilla» y la Única Salvación
Con una franqueza característica, el prelado diferenció el testimonio de los santos y de Juan el Bautista de los liderazgos temporales que a menudo prometen soluciones que no pueden cumplir. «Nosotros también queridos hermanos, tenemos que dar testimonio de Cristo, porque la pregunta definitiva, es la que Jesús formuló. ¿Quién dice la gente? Ustedes, ¿quién dicen que soy yo? Fue Pedro quien respondió, tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. ¿A quién vamos a ir? Sólo tú tienes palabras de vida eterna.»
Finalmente, lanzó una advertencia sobre la fragilidad de los poderosos de este mundo, reforzando la soberanía de Dios sobre la historia humana. «Entonces, queridos hermanos, hemos de procurar también nosotros afianzar nuestra fe, nuestra identidad más profunda, somos hijos de Dios por el bautismo, y tenemos con convicción y seguridad afirmar que Jesús, y sólo Jesús, es el Señor. Todos los demás líderes del mundo son de pacotilla, creo que se entiende, que no se mande la parte ninguno, porque son seres humanos que no pueden salvar, como dice el Salmo, exhalan el Espíritu y vuelven al polvo, y ese día perecen todos sus planes.»
La misa concluyó con una bendición especial, llamando a los formoseños a ser «luz y sal del mundo», con la esperanza de que la paz solicitada en la oración se convierta en una realidad tangible para toda la sociedad.
Colaboración: “La Voz del Santuario Nuestra Señora del Carmen”, programa radial de la pastoral de la Comunicación de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen – Iglesia Catedral de Formosa.
