lunes, 19 enero, 2026
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Es cordobés, se mostró en Facebook y hoy juega en la liga de Belice

A los 34 años, cuando su carrera parecía entrar en una zona de indefinición, Fernando Aguirres encontró una puerta inesperada. Delantero formado en la Liga Cordobesa de Fútbol y nacido en Alta Gracia, hoy juega en Port Layola FC, uno de los equipos más competitivos de la Premier League of Belize.

Según reconstruyó La Nación, Aguirres llegó a Belice en julio de 2025 luego de promocionarse en un grupo de Facebook para jugadores libres, donde fue contactado por un representante. Sin club y sin demasiadas alternativas en el mercado local, aceptó una propuesta tan exótica como decisiva: mudarse al pequeño país centroamericano para jugar, por primera vez en su carrera, en la primera división.

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Fútbol por pasión, no por dinero

Belice es un territorio atípico para el fútbol argentino. Limita con México y Guatemala, pero tiene una fuerte impronta caribeña y anglosajona: el inglés es el idioma predominante y el deporte no ocupa un lugar central en la cultura popular. Aguirres lo explica sin rodeos: los clubes muchas veces no tienen estadio propio, alquilan canchas y los entrenamientos pueden realizarse en espacios públicos.

El salario promedio ronda los 200 dólares semanales, y solo los equipos más importantes llegan a pagar 500 dólares. Aun así, los clubes cubren vivienda y alimentación, lo que permite a los jugadores “sobrevivir” y seguir compitiendo. “No vine por estabilidad económica, vine por amor al fútbol”, resume.

Una liga dura y corta

La liga beliceña se juega con formato Apertura y Clausura, pero con apenas siete equipos. Los cuatro mejores acceden a semifinales y los ganadores de cada torneo definen al campeón anual. El premio mayor es clasificar a la Copa Centroamericana de Concacaf, un objetivo que puede cambiarle el año a cualquier club.

Aguirres reconoce que el nivel lo sorprendió. “Es una liga fuerte, física y dura. Jugué en el ascenso argentino y aun así me costó adaptarme”, señala. En Port Layola fue clave en el Apertura y ayudó a que el equipo llegue a semifinales, en un torneo donde las tribunas rara vez superan las 100 personas.

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Cultura, idioma y adaptación

La experiencia fuera de la cancha también implicó un shock. “Nadie habla español. El 70% solo entiende inglés”, cuenta. Eso le generó situaciones insólitas dentro del campo: desde no poder pedir la pelota hasta entrenarse en plazas públicas. La comida tampoco ayudó: arroz, pollo y frijoles son la base diaria. El asado, confiesa, es lo que más extraña de Argentina. Aun así, el balance es positivo. En un país donde Argentina se reduce a los nombres de Messi y Maradona, Aguirres logró hacerse un lugar y sumar minutos, goles y continuidad.

Con el paso del tiempo, el delantero ya piensa en el día después. Su objetivo es convertirse en agente de futbolistas y ayudar a otros jugadores a encontrar oportunidades en ligas extranjeras. No es sencillo: el mercado beliceño es chico y cerrado, y ganarse la confianza de los dirigentes lleva tiempo.

Mientras tanto, su futuro inmediato parece seguir ligado a Belice. Con tres goles en siete partidos, recibió sondeos de otros clubes locales y no descarta cambiar de equipo. Argentina, al menos por ahora, quedó lejos. “Acá encontré algo que allá no tenía: la chance de seguir jugando”, resume.

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