La paz social en el sector comercial de Formosa parece haber llegado a su fin. En las últimas horas, «estallan las redes sociales contra el sindicalista eterno de los empleados de Comercios de la provincia de Formosa, Aníbal Alarcón», quien se encuentra en el ojo de la tormenta tras una serie de filtraciones que exponen un presunto manejo discrecional de los fondos sindicales y una desconexión total con la realidad de los trabajadores.
El «Galán» que olvida sus deberes
La indignación de los afiliados no solo radica en la falta de conquistas salariales, sino en el estilo de vida que ostenta el dirigente. Según rezan las críticas más feroces, se trata de un líder que «pretende ser el galán de América y se olvida de defender a sus afiliados». La base trabajadora sostiene que existe un contraste obsceno entre la precariedad de los empleados mercantiles y el bienestar del secretario general. «Los mercantiles están cansados de ver sus desmanejos de las arcas del sindicato, el cual utiliza solo para beneficiarse», afirman voces que prefieren el anonimato por temor a represalias.
Patrimonio bajo la lupa y asambleas «fantasma»
El conflicto escaló a niveles personales y judiciales «cuando comienza a salir a la luz las estafas y propiedades que ostenta este parásito y sus hijos». La mirada de los denunciantes apunta directamente a la cúpula administrativa. Señalan como «único responsable al Tesorero Torres y los Revisores de Cuenta», a quienes acusan de que «dibujan números» para cuadrar balances que no reflejarían la realidad financiera de la institución.
Uno de los puntos más oscuros de la gestión serían las instancias de decisión interna. Se denuncia la realización de «asambleas que hacen a escondidas sin afiliados», una maniobra que anularía cualquier tipo de oposición o control democrático sobre el gremio.
Un entorno de miedo: Persecución y amenazas
La información, que según se indica «sale del entorno de ellos», describe un clima laboral asfixiante dentro y fuera de la sede sindical. Se mencionan «conductas temerarias hacia empleados que reciben persecuciones, amenazas y sanciones».
Bajo el apodo irónico de «Tío Cariño», Alarcón es señalado por permitir que este esquema de amedrentamiento se extienda a su círculo íntimo. La opinión pública ha sido lapidaria: «es evidente que la fruta podrida no cae lejos del árbol».
Traiciones familiares y denuncias falsas
El historial de conflictos no se limita al ámbito gremial, sino que habría fracturado los lazos de sangre. Se relata con indignación cómo «acusaron a su propio primo Dany de ladrón, sin pruebas», llevando el conflicto a reuniones familiares con el único fin de «desprestigiar a un buen hombre, quien les demostró su hombría de bien renunciando». Según el entorno afectado, «mucho daño causaron a su familia», al punto de que hoy la sentencia es clara: «es mejor tenerlos de enemigo que como parientes».
Este «modus operandi» se habría repetido con otros colaboradores. «Lo mismo le hicieron a Sergio Enciso, a quien le inventaron una supuesta amenaza habiendo cámaras». A pesar de la existencia de dispositivos de seguridad, aseguran que «no presentaron pruebas de nada, todo inventado». En este esquema, surge la figura de un colaborador estrecho, definido como «el lacayo y peor empleado del gremio, una basura que se encarga de amedrentar y amenazar a los trabajadores».
Un gremio de puertas cerradas
La situación parece haber llegado a un punto de no retorno. La principal crítica de los afiliados es que «manejan un gremio cerrado sin atender a los trabajadores». Mientras la crisis económica golpea al sector comercio, la conducción sindical parece estar más preocupada por blindar su posición que por asistir a quienes representan. La gran incógnita que queda flotando en la sociedad formoseña es, como dicen sus detractores, lo «insólito de cómo justificarán sus bienes» ante una eventual investigación de la justicia.
