A continuación, publicamos algunas reflexiones que nos dejó la participación en las Primeras Jornadas interdisciplinarias de ambiente y sociedad: Análisis de los impactos de la minería y el uso de agroquímicos, realizada en la Facultad de Ciencias Agrarias de la UNJu el 12 de diciembre de 2025. En el texto se presenta un resumen de nuestra ponencia (“Capitalismo y extractivismo en la minería de litio e industria azucarera de Jujuy”), donde se conjugan una serie de conceptos del materialismo histórico con ciertas realidades locales. Tomamos a modo de guía conceptual capítulos de la obra de reciente publicación, Rojo Fuego. Reflexiones comunistas frente a la crisis ecológica Esteban Mercatante. A su vez, en este artículo buscamos enriquecer el conocimiento de la situación regional a partir de la incorporación de aportes a la temática de otros expositores que nos autorizaron a trabajar sobre sus ponencias. En este caso, la bióloga Rocío Julián (“Minería y Agrotóxicos: las dos caras del extractivismo en Jujuy”) y el economista y profesor emérito de la UNJu, Carlos Aramayo (“Economía y Megaminería, Litio: Extractivismo y Ganancias”) a quienes les agradecemos por su confianza y ante quienes aclaramos que los resultados de la interpretación de sus ponencias corren por cuenta propia [1].
En Jujuy es categórica la enajenación de las mayorías sociales respecto de la naturaleza, un proceso que tiene como correlato la inevitable –y creciente– transformación de la propia naturaleza en una mercancía más. El dato es escalofriante, pero no menos caliente respecto de lo que está en juego. El 70 % de la superficie de la provincia se encuentra asignada a proyectos mineros (en distintas categorías: concedidos, solicitados, cateos, canteras) informa la bióloga-UNJu, Rocío Julián, en su ponencia elaborada en base a información oficial (ex secretaría de Minería de la provincia) (Mapa 1). Si a esto le incorporamos las áreas destinadas al agronegocio de caña de azúcar y tabaco, el total de la superficie provincial bajo actividades de tipo primarias llega, al menos, al 73,2 % (38.954 km² de un total de 53.219 km²).
Estamos en presencia de un capitalismo de fuerte impronta extractivista. Esto quiere decir que la lógica de negocios de los principales grupos económicos que operan en la región se distingue por la acaparación de grandes extensiones de tierra destinadas a actividades primarias: minería y cultivos de caña de azúcar y tabaco –ligados a la agroindustria– con un nítido destino exportador como parte de las cadenas globales de valor.
Considerando el uso del suelo que hace el agronegocio, partimos de una concentración de la tierra que abordamos en tres dimensiones. Una primera dimensión dada por el lugar que ocupan los cultivos en el total de la superficie en producción provincial. Solo dos cultivos cubren el 74 % del suelo en producción, la caña de azúcar y el tabaco, que respectivamente acaparan el 66 % y 8 % de la tierra cultivada. Segunda dimensión dada por la ocupación del suelo de estos cultivos en los principales departamentos donde se ubican. En el caso de la caña de azúcar cubre el 87 % de la superficie en producción del dto. Ledesma y el tabaco el 88,5 % del dto. El Carmen (Censo Agropecuario 2018). Una tercera dimensión es el número de propietarios ligados a estas actividades. El caso más resonante es el ingenio Ledesma S.A.A.I., el principal productor de azúcar del país, dueño de 144.000 has., de las cuales 40.000 has. están dedicadas a la producción de caña de azúcar. En el rubro azucarero, además, se encuentran en segundo y tercer nivel en tamaño de producción, los ingenios La Esperanza y Río Grande que son propietarios de grandes extensiones de tierra.
Si bien, como describimos más arriba, las formas de acumulación del capital en la región se caracterizan por lo que el biólogo Eduardo Gudynas, define como extractivismo, “Un tipo de extracción de recursos naturales, en gran volumen o alta intensidad, y que están orientados a ser exportados con bajo valor agregado…”; no obstante, sobre este último aspecto hay sectores que ponen ciertos reparos a la cuestión del bajo agregado de valor. Es el caso de la agroindustria azucarera, en particular el grupo Ledesma, que combina un uso extensivo del suelo –e intensivo del agua–, exportación de materias primas con un uso diversificado de la caña de azúcar y sus desechos (alcohol, biocombustibles, energía, papel, vajilla de cartón) como también de los cítricos, donde combina su estatus de principal exportador de naranjas del país con la producción de jugos y aceites esenciales. En el caso del tabaco, si bien su destino es prácticamente en su totalidad el exterior, en la provincia obtiene cierto agregado de valor en procesos primarios de tratamiento de la hoja.
Una grave amenaza de fractura del metabolismo social-natural
Este tipo de configuración del capitalismo en la región es el resultado de un largo proceso histórico, que no vamos a desarrollar aquí, pero sí queremos aprovechar la ocasión para reflexionar sobre un aspecto central. El hecho de que la aparición de la gran propiedad privada de la tierra –desde la colonia y acelerada con los cambios consecuentes a partir del asentamiento del modo de producción capitalista– implicó una fuerte división en la relación entre la mayoría de la sociedad (campesino-indígena-incipientemente asalariada) y la naturaleza. Marx en su crítica de los efectos nocivos del capital sobre la vida humana y natural, desarrolló el concepto de “metabolismo social-natural”, explicando cómo el capitalismo tiende a fracturar ese metabolismo. Continuando con este último concepto se considera que comprende tres dimensiones que conforman una misma unidad diferenciada [2]. La primera, “el metabolismo natural”; la segunda, «el metabolismo de la sociedad” y la tercera, el propio “metabolismo social-natural”. De esta forma, se comprende que las personas –a través de sus relaciones de producción– crean determinados procesos sociales a lo largo de la historia y la naturaleza, por su parte, tiene los suyos, y de la interacción entre ambos surgen condicionalidades. Este enfoque permite evitar lecturas unilaterales, como aquellas que puedan considerar que la sociedad y sus formas de producción pueden actuar sin reconocer los límites naturales (algo muy propio del capitalismo) o no reparar en las diferencias que surgen del hecho de que cada modo de producción le imprime a la vida natural su propia impronta. De aquí que se considere que la dinámica de un metabolismo que ocurre entre metabolismos permite entender la relación socionatural como una coevolución (Mercatante, 2025, 41) y no como entidades que corren por carriles paralelos.
Estos conceptos nos resultan sugerentes al momento de evaluar la relación socionatural bajo el capitalismo en el ámbito local. Entonces volvamos la mirada a que un grupo de actividades de tipo extractivistas controlan más del 70% de la superficie provincial y que, de algún modo, tan solo dejan un 25% disponible para los 811.611 habitantes. El contraste es más crudo aún en la cuenca del río San Francisco (Bermejo) que concentra casi el 80 % de la población de la provincia y casi el 90 % de la producción agrícola según un informe de la de la FAO y el Banco Mundial (2014). Allí, recordemos, predomina la actividad azucarera. Continuando con la reflexión sobre el metabolismo socionatural, se trata de un espacio doblemente condicionado: están los límites espaciales, dada la magnitud de la superficie bajo el control de los negocios mineros o agropecuarios; y a su vez, esos mismos negocios afectan a la propia naturaleza, la cual también marca el curso presente (y futuro) de desarrollo de la vida humana. Sobre el primer tipo de condicionamiento, en el informe señalado de FAO y BM, se observa que el consumo anual del agua estimado en Jujuy es de 2.100 Hm³, distribuyéndose como se indica a continuación: Agrícola, 93,85%; Bebida animal, 0,13 %; Bebida humana, 3,64%; Industrial, 2,38% del total. El uso del agua con destino agroindustrial es casi excluyente. Sobre el segundo tipo de condicionamiento, las proyecciones de los efectos del cambio climático elaborados de acuerdo a diferentes escenarios dan como resultado preocupantes índices de falta de agua y pérdida de hectáreas productivas [3]. Sin dudas, la situación ante el avance del capital se puede tornar cada vez más grave.
Siguiendo esta línea de análisis, Julián ofreció en su ponencia un conjunto de mapas donde se cruzan las cuencas hidrográficas (Pilcomayo, cerradas de la Puna y Río San Francisco) y los espacios sujetos a la actividad minera (Mapa 2) –sugerimos cruzar la mirada entre ambos mapas al momento de detectar el impacto de la minería y la agroindustria sobre las cuencas–. Ella examina el impacto potencial de la minería sobre el recurso hídrico generado en las cuencas y para terceros. Se cita a los especialistas Hinojosa y Rosales, que publicaron en 1995 un informe sobre el impacto ambiental en la cuenca del Pilcomayo (donde habitaban 23 comunidades y 897 familias) derivados de los desechos de la minería ubicada en el sureste de Bolivia. Recordamos que dicha cuenca tiene un alcance en extensión a una porción del norte de la geografía política de Jujuy, Salta, Formosa y los departamentos del sur de Paraguay y finalmente desemboca en el río Paraná.
Para el caso de la cuenca del río San Francisco, donde se localiza la actividad tabacalera y azucarera, en especial si nos detenemos en el ingenio Ledesma, considerando la extensión de sus dominios territoriales y su actividad económica –como ya vimos– no hay forma de evitar señalar ciertos aspectos de fractura de su metabolismo social. El desecho de la caña de azúcar, el “bagazo”, ha generado una enfermedad que afecta las vías respiratorias (bagazosis). Otros ejemplos los encontramos en localidades como El Talar, donde Ledesma dispone de piletas para desechos químicos, cuando llueve estos líquidos terminan desbordando y llegando a la población que vive a una escasa distancia, como denunciaron trabajadores del sector que participaron de estas jornadas. Rocío Julián aportó información e imágenes contundentes del uso de agroquímicos sin control ni protección para los trabajadores rurales y los habitantes de la localidad de Fraile Pintado. No es casual, que Ledesma y la minería de litio, en particular, sean empresas que se presentan como “amigables con el medio ambiente”, incluso mostrando no solo reportes ambientales sostenibles (elaborados por ellos mismos), sino ofreciendo productos que en sí mismos –o sea, alejados de las formas extractivistas de producción y el uso capitalista de tipo capitalista– serían ecológicos: biocombustibles, el litio o el papel obtenido del residuo de la caña de azúcar.
Un último aspecto que hace al componente social de la coevolución, tal vez, aún poco reflexionado, es el tipo de explotación que hace el capital de la fuerza de trabajo en la minería y su impacto profundo en la vida de los trabajadores y sus familias [4].
El caso del litio –como gran parte de la minería moderna– funciona con un sistema de turnos laborales en los campamentos donde se aloja a los trabajadores que cumplen labores por 12 horas diarias (a una altura aproximada de 3.600 metros sobre el nivel mar y en medio del desierto) en forma continua durante 7 días, para luego tener 7 días de descanso y, tras ello, reiniciar el ciclo. Nos cuentan trabajadores que luego de medio día entero de trabajo bajo esas condiciones el cansancio pesa sobre sus cuerpos. Y durante esa semana se vive el desapego de la familia y sus seres queridos. Ese desapego no se sustituye por los salarios mayores al promedio que se paga en la minería, no tiene “un precio”, pero si genera un impacto psicológico en el trabajador y su familia. Siendo, por otra parte, la mujer, para el caso de las parejas, quien queda a cargo junto a sus hijos de las tareas de cuidados propias del ámbito del hogar. Las mineras no se hacen cargo de cubrir estos costos, cuando sus espaldas financieras lo permiten sin lugar a dudas. Por el contrario, al metabolismo social-natural del capital, tanto en ingenios como en mineras, se trata de empresas grandes que tienen espaldas financieras y tecnológicas como para implementar una jornada laboral de 6 horas –sin afectar el salario– y afrontar los costos de los cuidados familiares. Eso sí, ganarían menos, lo cual lleva a que todo cambio de este tipo requiera previamente de la organización de las y los trabajadores junto a las comunidades indígenas para disponer de mayor tiempo libre. Una forma de comenzar también a pelear por el control de otra clase sobre la actividad y una planificación acorde a las necesidades sociales y naturales contraria a la lógica de la ganancia del capital.
Imperialismo, extractivismo y la disputa por nuestro futuro
En el capítulo 2 de Rojo Fuego, Esteban Mercatante desarrolla desde distintas categorías de El capital de Marx una crítica de la crisis ecológica que vivimos en la actualidad. Una de ellas hace referencia al aumento de las escalas de producción (distribución y comercialización) alcanzadas por el capital a lo largo de sus etapas de desarrollo y la necesidad creciente de abastecimiento de materias primas y nuevos mercados. Con el dominio de todo el planeta por los imperativos del capital, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, asistimos al surgimiento del imperialismo. La puja por mercados y materias primas se tornó más aguda, como expresión de la mayor competencia de los capitales y los límites de la propia acumulación del capital. Las crisis y guerras derivadas de esta dinámica han provocado duros golpes al metabolismo socionatural como se vio en forma descarnada durante las dos guerras mundiales y el uso de armas atómicas. De aquí que, retomando el concepto de extractivismo, no podamos menos que vincularlo al de imperialismo y señalar cómo este último lo potencia respecto de momentos constitutivos del capitalismo en Europa, en que el saqueo de territorios colonizados jugó un rol destacado en acelerar la acumulación originaria del capital.
Actualmente, la mayor agresividad del gobierno de Trump hacia otros estados muestra desembozadamente toda la rapacidad imperialista: injerencia militar y económica en Venezuela, amenaza de anexión de Groenlandia e intervención militar en Irán, o la presión sobre el resto de los países de América Latina tal como definió el documento de seguridad nacional de Estados Unidos a fines de 2025. En la región, la presencia del litio marca el pulso de estas tensiones, y en este marco ocurre el despliegue de las multinacionales mineras donde los capitales chinos llevan la delantera. Ante el avance extractivista, los gobiernos (nacional y provinciales) lejos de presentar algún grado de defensa de soberanía nacional, les facilitan sus negocios. El resultado es más dependencia económica del país e inserción primario-exportadora en las cadenas globales de valor. Aspectos de esta dinámica se trataron durante las jornadas con los datos aportados por el economista y profesor emérito de la UNJu, Carlos Aramayo, quien marcó los contrastes entre el volumen de ventas, rentabilidad de las mineras Arcadium y Exar con la recaudación fiscal y el poder económico de sus propietarios. En el caso de Arcadium Lithium-Río Tinto, para el ejercicio fiscal 2024 declaró ingresos por U$S 1.007,8 millones, un beneficio bruto de U$S 288,6 millones (un 28,6 % de las ventas). Bajo la hipótesis que produzca el 50 % de sus ingresos en Jujuy y con los antecedentes de pago de regalías por el 0,3 % del total de exportaciones mineras, Arcadium habría pagado tan solo U$S 1,5 millón al fisco provincial en concepto de regalías. Aramayo recuerda que detrás de estas mineras se encuentra el capital financiero internacional (Blackrock, Vanguard, JP Morgan, HSBC, entre otros) y graficó su poderío mostrando que los dos primeros grupos financieros poseen activos por U$S 24 billones cuando el PBI de Estados Unidos para 2024 fue U$S 29 billones (según la medición norteamericana). De aquí, una de las conclusiones a las que arriba Aramayo, la necesidad de unir a clase trabajadora, las comunidades indígenas y al pueblo pobre frente a un enemigo que es dueño del mundo y que en el terreno local cuenta con sus cómplices gubernamentales y empresariales.
Esto último nos lleva a la reflexión sobre la superación del extractivismo. Aquí encontramos aportes sugerentes de autores y militantes socioambientales como Gudynas que contribuyen con sus elaboraciones a contar con un sendero concreto de una transición posextractivista. Conceptos como “extractivismo responsable” los abordamos desde una apropiación crítica, considerándolos solo como un momento transitorio hacia alcanzar una condición regida por los “extractivismos indispensables”; contrario a esperar respuestas de tipo estatales, la apuesta es a la fuerza de otra clase, las y los trabajadores en alianza con las comunidades indígenas y el pueblo pobre (Mercatante y Duarte, 2024; 61). La ligazón de la pelea contra el extractivismo en un sentido superador requiere vincular esta problemática al nudo gordiano de la cuestión que hace a la separación de las mayorías respecto de los medios de producción (y de la propia naturaleza) que provoca el capitalismo. Entonces, la disolución de la propiedad privada capitalista se torna en un punto de partida ineludible en el camino de construir un metabolismo socionatural racional. Una guía sobre la cual construir una sociedad postextractivista basada en la superación de la lógica del capital que impone una universalidad abstracta del valor que está en su base, tiende a homogeneizar y fragmentar a la humanidad y a la naturaleza. Frente a ello, queremos oponer un «universalismo de lo concreto», es decir, no otro imperativo universal sin distinciones, sino que la sociedad de productores libres asociados presupone la integración, con sus modos de vivir, de todas las comunidades que vienen resistiendo al capital, sin imponerles nada.
Bibliografía
Capone, Franco; Tabak, Mauro (2024), “Ledesma y la bagazosis: el ejemplo de la impunidad empresarial”, disponible en https://www.laizquierdadiario.com/Ledesma-y-la-bagazosis-el-ejemplo-de-la-impunidad-empresarial.
Duarte, Juan y Mercatante, Esteban, compiladores. (2024). Extractivismo en Argentina, Saqueo, resistencias y estrategias en disputa, Bs. As., Ed. IPS.
Foster, Bellamy J. (2022), La Ecología de Marx, Bs. As., Ed. IPS.
Gargano, Cecilia (2024), “Agroextractivismo: estrategias del capital para devorar lo vivo”, publicado en Extractivismo en Argentina. Saqueos, resistencias y estrategias en disputa.
Ledesma, informe de sostenibilidad 2024, disponible en: https://www.ledesma.com.ar/informe-sostenibilidad/.
Longo, Roxana (2013), Radiografía de Ledesma. Salud y derechos humanos en Libertador General San Martín – Jujuy, Bs. As., Ed. América Libre.
Mercatante, Esteban (2025), Rojo Fuego. Reflexiones comunistas frente a la crisis ecológica, Bs. As., Ed. IPS.
Remy, Gastón (2023), “El negocio del litio por dentro: el caso de Sales de Jujuy”, disponible en https://www.laizquierdadiario.cl/El-negocio-del-litio-por-dentro-el-caso-de-Sales-de-Jujuy.
VER TODOS LOS ARTÍCULOS DE ESTA EDICIÓN
NOTAS AL PIE
[1] Una aclaración necesaria, al momento de cerrar este artículo se están dando una serie de hechos que advertimos en las jornadas. Finalmente, se concretó una agresión imperialista sobre Venezuela con la captura del presidente Nicolás Maduro, una expresión de la mayor presión imperialista de Estados Unidos sobre la región con el objetivo de controlar el petróleo y otros bienes comunes naturales (en su competencia con China), esto es parte también de las tensiones por el control del litio que se encuentra en la región. La empresa Exar anunció la expansión de su inversión y una producción récord en 2025, cuestión que ratifica la voluntad extractivista de las multinacionales. Los especialistas Julieta Caggiano y Matías Oberlin publicaron un informe que indica la situación de las tierras en manos de extranjeros, y se resalta aquellos casos en que se exceda el porcentaje de tierras bajo propiedad extranjera según la normativa nacional. Para Jujuy, esto ocurre en los dptos. de Humahuaca (26 %), San Pedro (21 %) y El Carmen (15 %). Por último, trabajadores despedidos y delegados autoconvocados de la empresa Ledesma llevan más de 80 días de acampe reclamando ante una patronal que exige la reforma laboral esclavista que Milei se dispone a tratar en el Senado el 11 de febrero. A la cual se suma el proyecto de modificación de la Ley de Glaciares a pedido de gobernadores y mineras. Más que nunca la unidad del pueblo trabajador, la huelga general, es lo que puede frenar a la derecha como se está viendo en Minneapolis contra el ICE de Trump y las recientes movilizaciones masivas en Bolivia pese a la traición de la dirección sindical (COB).
[2] Unidad o totalidad diferenciada es un concepto que permite abordar la realidad en toda su complejidad. En el caso de la relación entre la sociedad y la naturaleza da un punto de vista para comprender las mutuas interrelaciones, sin dejar de lado la dinámica propia de cada componente de esta unidad. Lo contrario a las visiones positivistas, dualistas, que consideran a la sociedad y a la naturaleza como dos entidades completamente autónomas, tributarias a la cosificación de la naturaleza en pos de ubicar la sociedad en un plano de superioridad.
[4] Recomendamos para un abordaje más integral en el sentido de la “coevolución” en la minería de litio el artículo “La fiebre por el litio: negocio verde, resistencias y un futuro por construir” de Lihuen Antonelli y Natalia Morales.
Gastón Remy
Economista, docente en la Facultad de Cs. Económicas de la UNJu. Diputado provincial del PTS – FITU en Jujuy, Argentina.
Economista, docente en la Facultad de Cs. Económicas de la UNJu. Diputado provincial del PTS – FITU en Jujuy, Argentina.
