Foto. Ariel Espósito
Este 8 de marzo no se presenta como uno más, ninguno lo es, ya que los ataques hacia nuestras condiciones de vida son permanentes. Sin embargo, este Día de la Mujer Trabajadora se encuentra atravesado por el debate y la inminente sanción de la reforma laboral esclavista, impulsada por Milei, avalada por los gobernadores y exigida por el Fondo Monetario Internacional. Una coyuntura que muestra en nuestro país la polarización asimétrica mundial, por un lado, un gobierno que, en sintonía con el imperialismo yanqui, avanza con un paquete de medidas y reformas contra todo el pueblo trabajador, mujeres, disidencias y juventud como nunca se vio antes, y por el otro, ejemplos de lucha, sin desbordes, como las y los trabajadores del Garrahan que muestran el camino. Se necesita coordinar, organizar y en unidad estar en la calle, se puede ganar, pero para eso es necesario romper ciertas lógicas de sectarismos, y clarificar las direcciones que son funcionales a este gobierno. El movimiento feminista y disidente puede ser protagonista de impulsar la marea que ha sabido ser, pero debe atreverse a convocar a la rebelión de mujeres y disidencias, con los trabajadores en lucha. Una unidad de clase que hoy es esencial.
Comenzaron los debates en las asambleas feministas
Ya comenzaron las asambleas en todo el país, y desde Juntas y a la Izquierda – MST queremos aportar al debate sobre el carácter y la intervención de cara a esta importante fecha para que el movimiento feminista pueda aportar una acción contundente y de peso frente a este contexto avasallante.
El 8M, que tendrá su jornada de lucha el día lunes 9, tiene que ser con paro. Pero no alcanza con que sea solo de mujeres o feminista, tiene que ser de toda la clase trabajadora. Ese elemento es esencial en el debate. Este 8M es parte de una agenda de lucha que debe contagiar a otros, que debe contribuir a construir el plan de lucha necesario para derrotar a Milei y su plan de ajuste y reformas.
Hay sectores del sindicalismo que se oponen a esta propuesta bajo el argumento de que esta fecha solo les compete a las identidades feminizadas. Si bien es cierto que somos las protagonistas de esta lucha, en este momento político ese argumento separatista e identitario, en realidad, esconde el alineamiento directo con las direcciones sindicales burocráticas, de las que las compañeras son parte. Ya lo demostraron incontables veces: las centrales sindicales no tienen ninguna intención de jugársela a fondo contra esta reforma laboral que nos pegará de lleno y que entierra derechos históricos.
La cúpula de la CGT debería convocar a 36 hs de paro y movilizar con fuerza, para esta semana, por empezar, y darle continuidad en un gran paro y movilización el 9 de marzo de toda la clase trabajadora. A su vez, los sectores sindicales que vienen separándose de la inacción de la CGT, el FRESU deben jugarse por más, es el reclamo de miles y la necesidad del momento histórico.
Es por esto que es vital dar un paso más y exigir a través de asambleas y todos los lugares de trabajo un paro con movilización que demuestre la fuerza y la bronca de una manera organizada. Este gobierno no es indestructible, avanza a medida que los sectores que deben enfrentarlo juegan a la gobernabilidad, haciendo medidas de fuerza aisladas y no profundizando en el plan de lucha necesario que necesitamos.
Llevaremos esta discusión para la construcción de un 8M que se plante contra la reforma laboral esclavista y con el objetivo de unificar a los sectores que se encuentran en lucha. En momentos de ofensiva ultraderechista tenemos que ponernos al frente para pelear contra estas políticas que quieren condenarnos a seguir explotándonos en favor de sus ganancias.
Una reforma que afecta en especial a las mujeres y disidencias.
Esta reforma laboral cambiará todas las relaciones laborales de poder aplicarse, y al bajar las condiciones de los trabajadores formales, esto va a significar también un nuevo grado de precarización para los trabajadores informales que dependen de la economía diaria y que, se verán afectados directamente por la imposibilidad de sostener el estándar de consumo tanto de trabajadores asalariados como también verán los trabajadores informales disminuidos sus ingresos significativamente.
La reforma y precarización actual ya ataca considerablemente sobre los trabajos o sectores que responden socialmente a tareas de cuidados como el ataque directo a trabajadores de salud y educación. Pero la reforma laboral planteada a horas de votarse en el senado ataca aspectos centrales de las tareas de cuidado y de reproducción social, agravando la crisis existente en torno a estas tareas. Sin bien en diputados se sacó el artículo 44, en senado se plantea ir por ese debate nuevamente, pero además el espíritu de la reforma va en sintonía con atacar cualquier posibilidad de “vida” además del trabajo. Las jornadas de trabajo extensas y la precarización más la flexibilidad frente a despidos repercute más en mujeres y disidencias.
Somos las mujeres y disidencias quienes llevamos adelante mayormente las tareas de cuidado en nuestra familia. Ante la posibilidad de descuentos en casos de licencia por enfermedad, o despidos, una persona cuidadora va a tener que decidir entre quedarse en casa cuidando a su hije o persona mayor cuando se enferma y perder un descuento o ir a trabajar teniendo que dejar a esa persona librada a su suerte. Nuestras infancias y adolescencias quedarán en soledad, en un momento donde es clave los cuidados. En un discurso contradictorio e hipócrita, porque paralelamente el gobierno discute una ley de educación dando libertad a que les niñez estudien en casa, una casa donde estarán solos. Y a la vez se dio media sanción a la baja de edad de punibilidad para infancias que estarán solas.
No hay manera de que estas medidas se sostengan si no es de la mano de mucha represión. La única manera de evitar que surja una alternativa a este modelo es reprimiendo especialmente a las mujeres, a las disidencias, y todes los que nos oponemos a las normas sexuales, raciales, económicas y políticas. Por eso es clave el rol que juguemos las mujeres y disidencias de cara a esta discusión y en unidad con nuestro histórico 8M.
Otros debates necesarios
Es evidente que atravesadas por esta coyuntura el peso sobre cuestiones laborales, la reforma y la gravedad del retroceso en derechos que eso significa ponga un peso esencial en esos debates en el movimiento feminista y disidente, pero debemos dar mensajes políticos claros y en eso hay elementos que no pueden faltar.
No renunciaremos a nuestras conquistas, el derecho al aborto es ley y no pasarán, los femicidas deben seguir pagando con penas graves y la violencia patriarcal existe es real, y es impartida desde las instituciones en primer lugar. Decirlo puede parecer absurdo, para la sociedad de la marea verde, del Ni Una Menos, pero en estos tiempos no es menor repetirlo, explicarlo y contagiar a las miles de jóvenes que han acompañado nuestra marea.
No es menor que las luchas en curso sean nuestras banderas, Las trabajadoras del Garrahan, las trabajadoras de la salud, las docentes, estatales y los trabajadores de FATE, y todos los sectores que vienen poniendo el cuerpo deben ser protagonistas en esta movilización, y debemos pensar una cabecera y representación que refleje esas luchas. Es necesario aclarar que no estarían representadas si son las centrales sindicales, a las que les reclamamos paro y plan de lucha, las que encabezan. Los formatos machistas sindicales nunca son bienvenidos, menos en estos tiempos donde son sectores cuestionados, y el movimiento feminista y disidente debe reflejar ese sentir masivo cuestionándolos. Las luchas en curso deben ser las protagonistas reales de este 8M.
Sin duda hay muchos más debates, pero estos centrales queremos desde Juntas y a la Izquierda, Libre Diversidad y el MST aportar aspectos para su discusión.
Apostamos a un 8M unitario en las calles con potencialidad y donde nuestra marea verde invite a la rebelión a miles de trabajadores que se animen a acompañarnos y dar pelea, en las calles, contra las reformas, contra su aplicación, y a 50 años del golpe de 1976, que nos tiene que tener como pueblo unido y como un solo puño contra la ultraderecha, el cipayismo y la entrega. Podemos hacerlo, y es nuestra obligación dar todo para lograrlo.
Viole González y Andrea Lanzette
