En una mañana cargada de tensión y cruda realidad, el programa radial “Algo Esta Pasando”, conducido por Fernando López con la colaboración de Daniel Moreira Viera por la señal de FM VLU 88.5 (Grupo de Medios TVO), se convirtió en el escenario de una denuncia que sacude los cimientos de la política agraria provincial y nacional. En una entrevista exclusiva, Pánfilo Ayala, presidente de la Federación Agraria filial Laguna Naineck, desnudó la crisis terminal que atraviesa el sector primario en el norte argentino.
El anuncio de la movilización: El viernes 6 como punto de inflexión
La entrevista comenzó con una confirmación que ya circulaba como un rumor urgente en las chacras: el campo vuelve a la ruta. Ayala anunció que la desesperación ha mutado en acción directa.
«La crisis productiva, todo lo que tiene que ver con los problemas que tenemos los pequeños productores hace tiempo. No están teniendo respuesta a los pedidos que venimos haciendo del 2024 en este último tiempo. Y bueno, esto nos lleva a nosotros a tomar determinaciones para que la comunidad, la gente pueda ver y entender qué es lo que está pasando», sentenció el dirigente. La cita será este viernes 6 en horario matutino, a la vera de la Ruta Nacional 86, en la zona de Naineck, frente al predio hípico, donde se espera una concentración masiva de familias rurales que ya no tienen nada que perder.
La crítica al PAIPBA: ¿Asistencia o certificado de pobreza?
Uno de los puntos más álgidos de la charla fue el análisis de los programas de asistencia vigentes. Ayala no anduvo con rodeos al referirse a la entrega de semillas por parte del gobierno provincial, calificándolas de insuficientes y desconectadas de la realidad económica actual.
«Bueno, eso es una supuesta asistencia que hace el gobierno provincial, la verdad que es bastante miserable, es ínfimo, no nos sirve para reactivar la producción, es una semilla de la pobreza, no tiene nada que ver con el desarrollo. Lamentamos mucho que el gobierno solo apunte a esto que tiene que ver con el empobrecimiento de los productores porque el programa al Paipa o la semilla que entregaron es para sembrar o cultivar entre un cuarto de hectárea y media hectárea. Es imposible poder desarrollarse con esa supuesta asistencia que realmente es masiva», explicó con indignación, denunciando que estas políticas solo sirven para la «propaganda» y no para generar una verdadera matriz exportadora o de sustento digno.
El clima y la política: Una pinza que asfixia al campo
La situación de los productores no es producto de un solo factor. Según Ayala, se trata de una combinación letal entre cinco años de sequía extrema, inundaciones previas y una desidia política que trasciende las fronteras provinciales.
«Nosotros la producción primaria que estaba en mano del pequeño productor ha sufrido 5 años consecutivos de sequía extrema y fue general. Pero el segmento productivo más pequeño, de escala más reducida, somos los que más sentimos y es muy difícil de sostener. Esto causó un daño terrible: caída en área de producción, de cultivo, quiebre económico de los productores están empobrecidos», relató Ayala. Lo más grave, según su visión, es el vacío institucional: «Hay un desinterés total por el campo y tenemos que decirlo sin vuelta porque es una realidad que golpea fuertemente también así como el clima».
El laberinto nacional: Reuniones sin soluciones y promesas vacías
A pesar de haber intentado canales de diálogo con el gobierno nacional, el resultado ha sido una parálisis burocrática exasperante. Ayala relató las gestiones realizadas ante la Secretaría de Agricultura y la Presidencia, donde el denominador común fue la falta de decisión política.
«La nación tampoco nos dio respuestas. Tuvimos dos reuniones importantes con el gobierno nacional. Hemos enviado una nota en el 2024 a la Secretaría de Presidencia, inclusive al presidente. Después nos derivaron a la Secretaría de Agricultura… fue una reunión importante, pero fue claro también el secretario decía que él no tenía la posibilidad de darnos una respuesta porque dependía de un funcionario superior. Y eso no llega, y cada día que pasa se agudiza la crisis productiva», se lamentó el dirigente. Mientras tanto, la crisis ya es social: «Hay un problema social muy complicado, es crítico. Hay gente que se le cortó la luz porque no pudo pagar, porque no vendió su zapallo o su mandioca, o ya no tiene más banana».
La destrucción de la matriz productiva: Del oro blanco a la nada
Ayala realizó un ejercicio de memoria histórica para comparar la Formosa pujante de antaño con el presente desolador. Recordó con amargura los años en que la provincia era líder en producción algodonera y bananera.
«Lamentablemente la política del gobierno de la provincia fue para nosotros en estos últimos 30 años, y casualmente con el mismo gobernador, fue una política de retroceso, de destrucción de la matriz productiva. Nos queda el recuerdo como añoranza que había 130.000 hectáreas en la provincia, que había cerca de 30 desmotadoras diseminadas por todo el país, que había 12.000 hectáreas de banana, que éramos primicias en horticultura en el Mercado Central de Buenos Aires… eso ya no existe», recordó. Para revertir esto, exige un «aporte no reembolsable y un plan de gobierno que tenga que ver con la sustentabilidad», que incluya infraestructura, caminos, agua y créditos de fomento.
El debate de mesa: ¿Hacia dónde va el trabajador rural?
Tras la despedida de Ayala, los periodistas Fernando López y Daniel Moreira Viera profundizaron en las consecuencias sociales de este abandono. La reflexión final giró en torno al desarraigo y la falta de alternativas para quienes solo saben trabajar la tierra.
«¿Qué va a hacer la gente? Va a vender su campo y se va a venir a la ciudad a hacer qué? A instalarse en un asentamiento, a comprar un lugar que a lo mejor no termina pagando y lo estafan. O se vaya a Buenos Aires a hacer qué. Entonces no es decir ‘dejamos de producir’. El Estado debe intervenir, decir ‘muchachos hay que cambiar la matriz’ para no quedarnos con el monocultivo», reflexionaron los conductores, alertando sobre un proceso donde el sector industrial y el agroexportador parecen estar en un «cambio de matriz» que solo deja exclusión a su paso.
La conclusión es una sola: el campo formoseño está en «terapia intensiva» y el viernes, en la Ruta 86, los productores intentarán dar su último grito de auxilio antes de que el silencio de las chacras vacías sea definitivo.
