Alicia, una vecina de la localidad de Palo Santo, brindó un testimonio desgarrador sobre la situación hídrica que atraviesa la región. Bajo la conducción de Fernando López y la participación de Daniel Moreira Viera, la charla desnudó no solo la fragilidad de la infraestructura ante los 160 mm de lluvia caídos, sino también la profunda soledad que sienten los habitantes tras la retirada de las cámaras y las promesas oficiales.
El fantasma del año pasado: Entre el trauma y la resignación
La llegada de las lluvias este fin de semana no fue recibida como una bendición agrícola, sino como una amenaza directa a la integridad de los hogares en Palo Santo. El recuerdo de la inundación de mayo de 2025 (mencionada como la catástrofe del año pasado) permanece fresco en la memoria colectiva, actuando como un trauma que se reactiva con cada trueno.
«Ayer nos pegamos otro susto, igualmente como el año pasado rezábamos para que no vuelva a ocurrir la catástrofe que tuvimos el año pasado que se nos inundó todo el pueblo», comenzó relatando Alicia con una voz cargada de preocupación. La vecina detalló que, a pesar de residir en una zona céntrica, la infraestructura urbana fue insuficiente para contener el avance del líquido: «Ayer llovió bastante durante todo el día y muchas calles anegadas, casas también bajo agua, inclusive en mi casa yo estoy bien ahí en el centro y entró mucha agua por el frente y por el patio».
Esta situación no es aislada. El registro de los últimos partes policiales indica una acumulación de 160 mm, una cifra que, sumada a la falta de mantenimiento de desagües y la saturación del suelo, coloca a Palo Santo nuevamente al borde del colapso.
Cáritas y la solidaridad civil: El único sostén ante la crisis
Ante la ausencia de una red de contención estatal eficiente, los vecinos han tenido que volcarse a la fe y a la ayuda mutua. Alicia, quien trabaja activamente en la parroquia local, destacó que la supervivencia del pueblo durante las crisis hídricas ha dependido casi exclusivamente de organizaciones religiosas y donaciones privadas.
«Nosotros trabajábamos en la parroquia desde Cáritas y recorrimos todo el pueblo con los jóvenes y mucha gente perdió cantidad de cosas», recordó sobre los eventos del año pasado, subrayando que la asistencia no provino de los estamentos gubernamentales, sino de otros credos y localidades vecinas: «Abastecíamos gracias a las donaciones que hemos recibido desde Cáritas de Formosa y de una de los mormones que nos ayudaron un montón a quienes estamos muy agradecidos. El señor Sayas que se vino hasta Palo Santo con un grupo de jóvenes… También vinieron de Laguna Blanca, de la parroquia de Laguna Blanca, de todas las parroquias aledañas».
Esta red de solidaridad, aunque heroica, pone en evidencia el vacío dejado por Defensa Civil y las carteras de Desarrollo Humano, que parecen aparecer solo cuando el foco mediático es más intenso.
El impacto económico y el deterioro invisible de las viviendas
Uno de los puntos más críticos de la entrevista fue el análisis de las secuelas a largo plazo. Una inundación no termina cuando el agua baja; es allí donde comienza el verdadero calvario para las familias de recursos limitados. El deterioro edilicio y la pérdida de bienes muebles representan un golpe económico del que muchos aún no se han recuperado.
«Quedaron muy deterioradas las casas, muchas casas deterioradas, inmuebles que han perdido también esa gente, que como vos sabés cuesta mucho comprar esas cosas ahora», explicó Alicia. La vecina también compartió su realidad inmediata tras el reciente temporal: «En mi casa también entró cantidad de agua y yo estoy que ando desinfectando este cada rincón, ¿viste? Porque ya te digo, vino agua de todas partes».
El equipo de “Algo Está Pasando” hizo hincapié en que, tras las «fotos» oficiales de la emergencia, el Estado se retira, dejando a la gente librada a su suerte. «Hablamos el día que pasa todo y después nos olvidamos», reflexionó el conductor, haciendo un mea culpa extensivo a los medios, aunque señalando la responsabilidad primaria de quienes gestionan los recursos públicos.
Crítica a la gestión provincial: Entre el silencio y la política de «la palmadita»
La discusión radial derivó en una fuerte crítica hacia la administración del gobernador de la provincia. Se cuestionó la falta de empatía y la ausencia de programas reales de reconstrucción para las zonas afectadas. Según Fernando López, la respuesta gubernamental suele ser superficial y tardía.
«Siempre veo de particularmente de la cuenta del gobernador de la provincia que lo único que le importa son los fallecidos que son sus amigos… Y cuando pasan este tipo de cosas, vos no ves que el gobierno o el gobernador diga, ‘Che, estamos con usted’ (…) Muy lindo el colchón, pero después el colchón aparece en plena campaña», fustigó el periodista.
La falta de formalidad en la propiedad de muchas viviendas en las colonias periféricas, como Colonia Alberdi, actúa además como una barrera burocrática que impide a los vecinos acceder a créditos o subsidios: «Hay mucha informalidad, entonces no puede ingresar dentro de esos esquemas de ayuda y de contención», acotó Daniel Moreira Viera, resaltando que la ayuda real suele venir del vecino más cercano y no de los organismos oficiales.
Un ruego al cielo ante la falta de obras
Con el pronóstico extendido marcando nuevas probabilidades de precipitaciones para la jornada de hoy, el clima en Palo Santo es de una tensa calma. Sin obras de drenaje estructurales y sin un plan de contingencia serio, la única herramienta que les queda a los habitantes es la oración.
«Ojalá no siga lloviendo. Porque marca lluvia para hoy otra vez. Así que rezaremos para que el Señor no nos mande más agua, ¿no? Ya creo que cayó lo suficiente», concluyó Alicia, cerrando un testimonio que es, en esencia, un grito de auxilio desde el corazón de la provincia.
«Con esta frase rezábamos para que no vuelva a ser lo del año pasado, creo que resume todo», finalizó Fernando López, dejando en claro que, mientras la política mira hacia otro lado, Palo Santo sigue luchando contra el barro, el agua y la indiferencia.
