domingo, 22 marzo, 2026
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La Esperanza de la Resurrección: Monseñor Conejero insta a la Comunidad a Fortalecer la Fe ante la proximidad de la Semana Santa

En una mañana marcada por la devoción y el espíritu de recogimiento propio del tiempo litúrgico, el Obispo de la Diócesis de Formosa, Mons. José Vicente Conejero, presidió la Santa Misa de las 8:00 horas en este quinto domingo de Cuaresma. Ante una feligresía atenta, el prelado desglosó un mensaje cargado de simbolismo, repasando no solo el itinerario bíblico que conduce a la Pascua, sino también la intensa actividad pastoral y peregrina que moviliza a la provincia por estos días.

Un itinerario de luz y revelación: Del desierto al monte Tabor

Al iniciar su reflexión, Monseñor Conejero realizó un balance del camino recorrido desde el Miércoles de Ceniza. Recordó cómo la liturgia ha ido iluminando el paso de los fieles a través de pasajes fundamentales: las tentaciones de Jesús, la Transfiguración ante sus discípulos y los encuentros con la Samaritana y el Ciego de nacimiento. Sin embargo, el Obispo fue enfático al señalar que la comprensión plena de estos misterios solo es posible bajo la acción del Espíritu Santo.

“Hagan todo lo que Él les diga, decía María, ¿verdad? en las bodas de Caná; pero el Padre Dios en el monte Tabor dijo: este es mi hijo, el predilecto, escúchenlo. Y esto es lo que estamos intentando durante esta Cuaresma: escuchar atentamente la palabra del Señor para creer en Él, en el enviado del Padre, porque la palabra de Dios se proclama pero tiene el fin de la fe, de creer verdaderamente en el amor misericordioso de Dios que se manifiesta en Cristo y por tanto con la fe también la esperanza”, explicó el prelado, subrayando que la escucha activa es el motor de la transformación cristiana.

Jesús como Vida Eterna: La superación de la muerte

El núcleo de la homilía se centró en la identidad de Cristo frente a la finitud humana. Si bien el domingo anterior la figura de Jesús se presentaba como «Luz del mundo», en esta instancia la revelación es aún más profunda: Jesús es el dueño de la vida.

“Hoy Jesús de manera definitiva se presenta diciendo: yo soy la resurrección y la vida, el que cree en mí aunque muera vivirá. En definitiva, queridos hermanos, hoy Jesús, que el domingo pasado hace ocho días se presentaba como la luz, hoy se presenta como la vida para siempre”, sentenció Monseñor, invitando a la comunidad a no temer a la muerte biológica, sino a confiar en la promesa de la eternidad.

Formosa en movimiento: Crónica de la fe peregrina

Monseñor Conejero no pasó por alto la efervescencia religiosa que atraviesa la geografía formoseña. Relató con entusiasmo la partida de los ciclo-peregrinos el pasado miércoles a las 5 de la mañana, un centenar de ciclistas que, provenientes de diversas localidades y provincias vecinas, unificaron sus rutas en Ibarreta para avanzar por la Ruta 81.

A este movimiento se sumó el inicio del emblemático Vía Crucis Formoseño, que partió el viernes desde la Plaza San Martín hacia el Centro Juan Pablo II, para luego internarse en el corazón del territorio provincial. El Obispo informó que los peregrinos ya han transitado por comunidades como Las Lomitas y Laguna Yema, acercándose a la decimocuarta cruz en el límite con Salta.

Sobre el sentido de este sacrificio, citó el lema propuesto por Mons. Raúl Marcelo Escosina: “A la luz por la cruz”, definiéndolo como un ejercicio de configuración con el Maestro. “Es un ejercicio para unirse a la pasión y al sufrimiento de Jesús. Porque esa es la vocación a la cual estamos llamados todos los discípulos, misioneros, amigos y testigos de Jesús: a identificarnos y configurarnos con Él ahora mientras peregrinamos con alegrías, pero también asumiendo el dolor y el sufrimiento que es propio de este tiempo de peregrinación, tratando de descubrir también el valor redentor de las dificultades, y esas no hace falta que las busquemos, porque se hacen presentes cotidianamente entre nosotros”, reflexionó con pragmatismo y empatía.

Instituciones que se renuevan: El legado de San José

En el marco de la semana transcurrida, se destacó la celebración de San José, a quien describió como el custodio de los tesoros más grandes de la fe: Jesús y María. En este contexto festivo, el Obispo saludó a las Hermanas Educacionistas Franciscanas de Cristo Rey, quienes, ante la presencia de su Superiora General llegada desde Roma, oficializaron la unificación de sus provincias de Argentina-Uruguay y Paraguay bajo el nombre de “Nuestra Señora de los Ángeles”.

“Auguramos el crecimiento de las vocaciones y de que el don y el carisma que recibieron de Madre Margarita desde la lejana Eslovenia, pues puedan también aquí, en estas iglesias particulares de Argentina, Uruguay y del Paraguay, ofrecer ese don y ese carisma para el servicio de una iglesia sinodal en comunión, participación y misión”, manifestó, vinculando el carisma religioso con el desafío actual de una Iglesia participativa.

Exhortación final: Un grito de fe ante el Mesías

Hacia el final de su alocución, Monseñor Conejero hizo un llamado a aprovechar los últimos días de la Cuaresma mediante la oración, el ayuno y la misericordia, preparándose para el Domingo de Ramos. Tomando el ejemplo de las hermanas de Betania, instó a cada fiel a realizar su propia confesión de fe.

“Procuremos decirle al Señor: creo Señor, tú eres el enviado del Padre, el Mesías, el que debía venir a este mundo, el único, el único que da pleno sentido a la vida humana. Esta vida, que es un don y una tarea, es un regalo de Dios. Así que fortalezcamos, hermanos, en esta última semana cuaresmal nuestra fe, y reconozcamos con Marta y María, y con tantos y tantas santas y santos, y pueblo de Dios, que verdaderamente Jesús es el enviado del Padre, el Salvador y el Redentor, y con Él siempre tendremos vida y no cualquier vida sino la vida en abundancia”, concluyó.

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