El obispo de Formosa, monseñor José Vicente Conejero Gallego, compartió los frutos del cuarto encuentro diocesano de jóvenes y adoradores, y llamó a vivir una fe coherente ante los desafíos actuales.
En el sexto domingo de Pascua, el obispo de Formosa, monseñor José Vicente Conejero Gallego, reflexionó sobre el caminar de la iglesia local durante la celebración de la Santa Misa en la Iglesia Catedral. Hizo especial hincapié en la reciente experiencia vivida en el interior provincial y el proceso de sinodalidad que atraviesa la comunidad cristiana.
El prelado comenzó su mensaje compartiendo la vivencia del cuarto Encuentro Eucarístico Diocesano, realizado el sábado en San Martín Dos. “Tuvimos la alegría de participar con muchos adoradores y un numeroso grupo de jóvenes… éramos varios centenares”, relató, destacando que la jornada fue un espacio de adoración y reflexión sobre la implementación de una iglesia sinodal basada en la comunión, participación y misión.
Conejero recordó que la Eucaristía es “fuente y culmen de la vida cristiana”, subrayando la importancia de la adoración en silencio para “recibir gracias y bendiciones de Dios, discernir también y responder a los desafíos urgentes que vivimos en este tiempo”. En ese sentido, señaló que la fe debe manifestarse en la conducta cotidiana: “Estamos todos invitados a la conversión de nuestras relaciones, vínculos, procesos, para ser más transparentes y vivir coherentemente la fe”.
Al transcurrir el sexto domingo pascual, el obispo adelantó las próximas solemnidades que marcarán el calendario litúrgico: la ascensión de Jesús, Pentecostés, la Santísima Trinidad (31 de mayo) y el Corpus Christi a inicios de junio. “Todos estos misterios deben ir transformando nuestra vida, para que no sean un simple recordatorio, sino que realmente tengan una fuerza transformadora en nuestras familias, en la sociedad y en el mundo entero”, afirmó.
Asimismo, vinculó la palabra de Dios con la vida parroquial inmediata, mencionando que en las próximas jornadas decenas de jóvenes de la parroquia San Miguel Arcángel recibirán el sacramento de la confirmación. Explicó que, a través de la imposición de manos, se recibe al Espíritu Santo y sus dones de sabiduría y fortaleza, necesarios para “hacer frente a los problemas y desafíos que aparecen frecuentemente en nuestra vida”.
Tomando como referencia las lecturas bíblicas, el obispo propuso a Jesús como modelo de paciencia y mansedumbre ante las adversidades. Reconoció que ante palabras inapropiadas o violencia la tendencia natural es responder del mismo modo, pero instó a los fieles a obrar conforme al mandamiento del amor. “Hay que poner por obra lo que creemos, sentimos y expresamos del amor de Jesús”, puntualizó.
Finalmente, exhortó a la comunidad a invocar con fervor al Espíritu Santo para no caer en la autosuficiencia: “Sin él no podemos hacer nada… dejémonos guiar por sus inspiraciones para contribuir a la paz y a la unidad que tanto necesitamos nosotros y el mundo entero”.
