Un mensaje viral que habla de un posible tiroteo en escuelas, circulando como broma entre jóvenes, es analizado por un profesional de la salud mental, quien insta a una respuesta integral que vaya más allá de la sanción.
En los últimos días, un mensaje breve y alarmante comenzó a circular entre adolescentes en distintas provincias argentinas: «mañana tiroteo, no vengan». Aunque para algunos se trata de una broma o un reto viral más dentro del universo digital, especialistas advierten sobre la importancia de no minimizar su contenido.
El psicólogo Martín Vendramini señala que cuando un joven pone en palabras la idea de violencia extrema, incluso en tono de broma, no está simplemente jugando, sino que puede estar expresando bronca, angustia, necesidad de pertenencia o una forma distorsionada de llamar la atención. El problema, según el profesional, no es solo el mensaje en sí, sino todo aquello que queda fuera del alcance de la escucha adulta.
En un contexto donde los límites entre lo virtual y lo real se vuelven difusos, la respuesta no puede reducirse únicamente al castigo o la sanción, ya que esto solo contendría la conducta de manera momentánea sin abordar el trasfondo. En este punto, la Ley Nacional de Salud Mental 26.657 se presenta como una herramienta clave, al promover un abordaje preventivo, interdisciplinario y situado en el contexto de cada persona.
Vendramini aclara que sería un error cargar esta responsabilidad exclusivamente sobre la escuela. Si bien la institución educativa es un pilar fundamental y debe ser un espacio de cuidado donde la palabra circule y el malestar tenga lugar, los docentes no pueden sostener en soledad una problemática que es de índole social. Las familias tienen un rol indelegable en la presencia y la escucha, y el Estado debe garantizar políticas públicas, recursos y equipos profesionales que permitan intervenciones reales.
El psicólogo concluye que estos fenómenos no son aislados, sino emergentes de una realidad que interpela a toda la sociedad. La pregunta central, según su análisis, ya no es qué están haciendo los jóvenes, sino qué están haciendo los adultos frente a estas señales. La reparación, afirma, no llega con el miedo ni el castigo, sino con presencia, escucha y una responsabilidad compartida.
