Tras la aprobación de un decreto del Ejecutivo Municipal convertido en ordenanza, la ciudad de Formosa implementa un Cuerpo de Inspectores Ambientales para combatir la proliferación de residuos en espacios públicos.
En un contexto de fuertes debates legislativos y una creciente preocupación por la higiene pública, la ciudad de Formosa busca dar un giro definitivo en su política ambiental. Tras la reciente sesión del Concejo Deliberante, donde se aprobó un decreto del Ejecutivo Municipal convertido ahora en ordenanza, la doctora Laura Diaz Roig, Coordinadora de Ambiente y Transición Energética de la comuna, brindó una extensa entrevista al programa radial “Algo Está Pasando” (FM VLU 88.5). Durante el diálogo con los conductores Fernando López y Daniel Moreira Viera, la funcionaria desglosó el alcance de esta nueva normativa que promete endurecer los controles y reorganizar la logística de los residuos en la capital.
La funcionaria explicó que la ordenanza surge de una necesidad imperiosa: poner fin a la proliferación de residuos en lugares no permitidos, un fenómeno que persiste a pesar de los esfuerzos operativos diarios. “A través del decreto lo que desde la Municipalidad se viene trabajando es para desarraigar los microbasurales urbanos. Es donde el vecino termina depositando los residuos en una esquina, en un baldío o en espacios públicos”, señaló Diaz Roig, haciendo especial hincapié en que incluso zonas estratégicas como la Avenida Circunvalación sufren este problema.
Para combatir esto, la normativa establece la creación de un Cuerpo de Inspectores Ambientales, cuya misión actual no es meramente punitiva, sino educativa. “Están recorriendo en este momento los barrios, informando a los vecinos puerta por puerta para explicar que la disposición de los residuos es específicamente en el parterre domiciliario”, detalló. La idea central es que el ciudadano comprenda que la municipalidad retira la basura de su domicilio, eliminando la supuesta «necesidad» de trasladar los desechos a otros sitios.
Uno de los puntos más críticos de la gestión de residuos es el manejo de aquellos elementos que no entran en la categoría de basura diaria, como restos de poda o escombros. La doctora Diaz Roig fue muy clara respecto al procedimiento a seguir: “En caso de tener residuos no convencionales, tienen que depositar igual en su vereda y llamar al 0800 para informar a la municipalidad qué tipo de residuos van a depositar. Entonces nosotros podemos organizar la logística”. Este ordenamiento es vital para evitar el colapso del sistema. Cuando los residuos se mezclan en un microbasural, el proceso de recolección se vuelve ineficiente y peligroso. “El problema es que ese microbasural donde la gente frena y deposita el residuo, termina siendo todo mezclado, termina siendo realmente un foco infeccioso de contaminación”, advirtió.
Según la funcionaria, la municipalidad limpia constantemente estos focos, pero “no tardan ni dos horas en volver a tirar en ese lugar”, lo que obliga a pasar de la etapa educativa a la de control: “A partir de ahí, aquel que deposita residuo en la vía pública, el decreto también nos habilita a investigar quiénes son las personas para que, si reiteran las conductas, sancionarlo”.
La gestión de los residuos no es solo una cuestión de estética o salud, sino también de números. Diaz Roig reveló que recolectar un microbasural es significativamente más caro que la recolección domiciliaria estándar. “Los microbasurales urbanos para el municipio implican un costo bastante mayor. Requieren maquinaria, una logística diferente, muchas veces hay que cortar el tránsito, llevar una retroexcavadora y mayor personal”, explicó.
Ante las críticas de la oposición, que sugiere la instalación de más contenedores en las calles, Diaz Roig fue tajante al defender el modelo de recolección en puerta. Según su experiencia, los grandes contenedores negros suelen transformarse en “microbasurales urbanos oficiales”. Relató que han recibido innumerables quejas de directores de escuelas y vecinos frentistas debido al olor nauseabundo y a la acción de animales y personas que revuelven la basura. “No terminaba de irse el camión y empezaban a depositar de vuelta los residuos. Realmente se transformaban en un desastre”, puntualizó. Además, destacó un perjuicio ambiental irreversible: la pérdida de material reciclable. “El residuo del microbasural urbano no se puede recuperar. Perdemos totalmente la posibilidad de recuperar este residuo porque ya tiene una contaminación cruzada. Una vez que se levanta con la máquina, ya queda entre el montón de basura que no podemos operar en la planta de tratamiento”, explicó, remarcando que esto atenta contra el sistema de economía circular que beneficia a muchas familias formoseñas.
La entrevista también abordó la polémica en el Concejo Deliberante, donde la oposición votó en contra y el concejal Marcelo Sosa se abstuvo. Diaz Roig desestimó los argumentos que tildan a la medida de ser meramente recaudatoria o de representar una “cacería de brujas”. Por el contrario, vinculó la necesidad de optimizar recursos con el reciclaje y la sustentabilidad a largo plazo.
