domingo, 1 febrero, 2026
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Ocaso sindical en Formosa: El polémico estilo de vida de Aníbal Alarcón bajo la lupa de los afiliados

El Centro de Empleados de Comercio de Formosa atraviesa una de sus crisis institucionales más agudas, no por motivos económicos externos, sino por el estallido de una serie de denuncias públicas que apuntan directamente contra su secretario general, Aníbal Alarcón. Lo que comenzó como un murmullo en los pasillos de los comercios locales se ha transformado en una rebelión digital donde se cuestiona desde su ética personal hasta el destino de los aportes de los trabajadores.

Entre el azar y el abandono gremial

La principal crítica de los mercantiles radica en una supuesta desconexión total entre las necesidades del trabajador y las prioridades del dirigente. Se le reprocha a Alarcón una actitud de «galán de América», más preocupado por proyectar una imagen de estatus y opulencia que por sentarse a negociar mejoras salariales o condiciones laborales dignas.

La indignación alcanzó su punto máximo con la difusión de testimonios que aseguran haber visto al referente sindical de forma recurrente en las salas de juego locales. La acusación es grave: los afiliados denuncian que mientras el sector sufre carencias, el dirigente dilapidaría recursos —que pertenecen al colectivo de trabajadores— en apuestas y vicios personales dentro del casino, actuando con un cinismo que agravia a quienes representa.

Nepotismo, maltrato y el uso privado del sindicato

El escándalo también salpica la esfera privada del sindicalista, revelando un presunto esquema de explotación y arbitrariedad. Según los relatos que circulan, Alarcón habría utilizado a personal del gremio para realizar obras de infraestructura en su propiedad particular, incluyendo remodelaciones habitacionales y la construcción de una piscina recreativa.

Sin embargo, el dato que más ha herido la sensibilidad de la opinión pública es la supuesta traición familiar. Se le acusa de haber despedido de manera humillante a su propio primo, quien se desempeñaba como cobrador de la institución, demostrando una falta absoluta de lealtad incluso hacia su sangre. Este comportamiento ha llevado a que se lo tilde de parásito del sistema, sosteniendo a un «clan familiar» a costa del esfuerzo ajeno y descartando a quienes ya no le resultan funcionales.

El clamor por la transparencia: Auditoría o final de ciclo

La situación ha escalado a un pedido formal de renovación. Los trabajadores exigen que se termine la era de los privilegios y se inicie un proceso de fiscalización profunda de las cuentas del sindicato. Existe la firme convicción entre los denunciantes de que una revisión contable externa dejaría al descubierto un entramado de corrupción que no perdonaría a ninguno de los integrantes de la actual cúpula.

El cuestionamiento se extiende a la incapacidad del dirigente y sus allegados para dar la cara frente a estas acusaciones. La falta de respuestas es interpretada como una carencia de honor y una admisión tácita de las culpas.

Patrimonio injustificado: El futuro de sus herederos

Para cerrar el círculo de sospechas, la comunidad mercantil pone el foco en el crecimiento patrimonial de los hijos de Alarcón. La exigencia es clara: el sindicalista debe desmentir y aclarar cómo se financiaron las viviendas y los vehículos de alta gama de su descendencia, dado que los ingresos declarados no coincidirían con el nivel de vida ostentado.

En Formosa, el nombre de Aníbal Alarcón ha pasado de ser el de un histórico conductor a representar, para muchos, el símbolo de la degradación de los valores sindicales, donde la traición a la familia y al trabajador parecen ser las únicas constantes de su gestión.

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