En la homilía de este domingo, el Obispo de Formosa desglosó el sentido del Domingo de Laetare, advirtiendo sobre las «desigualdades inicuas» y la fragilidad de la verdad en la era de la inteligencia artificial.
En una mañana marcada por la espiritualidad y el recogimiento, la Iglesia Catedral de Formosa, sede de la Parroquia “Nuestra Señora del Carmen”, fue escenario de una pieza oratoria de profunda relevancia para la comunidad católica local. Monseñor José Vicente Conejero Gallego, durante la misa de las 8:15 de este 15 de marzo, ofreció una reflexión que trascendió lo litúrgico para anclarse en la realidad cotidiana de los formoseños.
La alegría como antesala de la Pascua
El prelado inició su intervención contextualizando el tiempo litúrgico que atraviesa la Iglesia. Explicó que este cuarto domingo de Cuaresma, conocido como el domingo de Laetare o «domingo del alégrate», funciona como un breve respiro de gozo en medio del camino penitencial.
“Hermanos, nos encontramos ya en el cuarto domingo de cuaresma, en este camino hacia la Pascua, que es el tiempo cuaresmal, este tiempo que nos ofrece la Iglesia de preparación para vivir y comprender el misterio más profundo de nuestra fe. La muerte y la resurrección del Señor, el misterio pascual, que da sentido a nuestra vida. Bien, la liturgia hoy se denomina este domingo Letare, alégrate, así como en el tiempo de Adviento, también hay uno de los cuatro domingos de preparación a la Navidad que también se denomina Gaudete, gózate”, expresó Monseñor, trazando un puente entre la preparación para el nacimiento y la preparación para la resurrección.
El discernimiento frente a la cultura de la apariencia
Uno de los ejes más potentes de la homilía fue la crítica a la superficialidad. Tomando el relato bíblico de la elección del Rey David, Conejero Gallego recordó que el ojo humano suele detenerse en lo estético o lo formal, mientras que la mirada divina escruta el interior. El Obispo fue enfático al advertir que, en la sociedad actual, lo «bien visto» no siempre es sinónimo de integridad.
“Entonces, queridos hermanos, no nos fijemos en las apariencias, que bien dice el dicho, las apariencias engañan. No todo lo que aparece así, formal y bien visto, a veces puede haber engaño y por tanto, en el corazón, que es donde Dios se fija y conoce lo que hay dentro de nosotros, de cada uno”, subrayó, exhortando a la comunidad a buscar la autenticidad por encima de las máscaras sociales.
”No seamos yapú ni mentirosos. Es muy feo ser mentirosos. Hay que decir siempre y vivir en la verdad”
El Obispo no esquivó la mirada sobre los problemas estructurales que aquejan a la sociedad. Al hablar de la carta de San Pablo a los Efesios, vinculó el mandato de vivir en la luz con la necesidad de una justicia real, cuestionando el uso retórico de ciertos conceptos políticos y sociales que no se traducen en hechos.
“Vivir también en la justicia, la justicia de Dios, porque nuestra justicia humana, aunque la proclamamos frecuentemente justicia social, Dios mío, que venga en nuestro auxilio, porque no es tal la que se da entre nosotros. Hay que buscar la justicia que es una mayor igualdad entre nosotros, pero superando las desigualdades inicuas que hay en nuestra sociedad. Esa es la verdadera justicia”.
En este punto, recurrió a la riqueza del idioma regional para dar fuerza a su mensaje contra la falsedad. “En idioma guaraní, que a muchos les gusta, dicen así, para llamar a uno mentiroso, yapú. Yapú es aquel que miente, pero que luego la mentira tiene las patitas cortas y más tarde o más temprano se sabe la verdad. Así es que hermanos, no seamos yapú ni mentirosos. Es muy feo ser mentirosos. Hay que decir siempre y vivir en la verdad”, sentenció, logrando una conexión inmediata con la identidad cultural de la grey formoseña.
Ceguera espiritual y el desafío de la Inteligencia Artificial
Al abordar el extenso Evangelio del ciego de nacimiento, Monseñor realizó una catequesis sobre la luz y la oscuridad. Explicó que la curación realizada por Jesús es una «nueva creación» que se actualiza en el bautismo. Sin embargo, advirtió que hoy existen nuevas formas de ceguera, alimentadas por la inmediatez digital y la falta de criterio.
“Ustedes ven las redes y la gente, ignorante y muchas veces sin conocer razones ni causa, dice lo que se le viene a la mente y a la cabeza, cosas que son totalmente distorsionadas. No hace falta que explicite más, porque todos nos damos cuenta de que eso es una realidad. Y ahora, como vivimos en la etapa digital y de la inteligencia artificial, pues se da la oportunidad para que cada uno exprese cualquier cosa. Por eso hay que tener siempre criterio de discernimiento, de serenidad. Y de no creerse todo lo que a alguien se le antoja, sobre todo cuando viene con mala intención y no se vive en la verdad”.
Un compromiso final con la Luz de la Vida
Hacia el final de la celebración, el Obispo invitó a los fieles a no avergonzarse de su fe, incluso frente a los malentendidos o persecuciones del mundo moderno. El mensaje concluyó con una oración de entrega, inspirada en la respuesta del ciego sanado que reconoció a Jesús como el Hijo del Hombre.
“Bien, entonces pedimos hoy al Señor que derrame su gracia sobre nosotros y damos al Espíritu Santo que Cristo Jesús esté en nuestros pensamientos, en nuestro corazón, en nuestros sentimientos, en nuestras acciones. Y que digamos con humildad, como el ciego de nacimiento, Señor, yo creo, creo en ti, que eres la luz del mundo y que siguiéndote a ti, no caminaré nunca en tinieblas, sino que tendré la luz de la vida. Que así sea”.
Colaboración: “La Voz del Santuario Nuestra Señora del Carmen” programa radial de la pastoral de la Comunicación de la Parroquia Nuestra Señora del Carmen –Iglesia Catedral- de Formosa.
Homilia completa
Hermanos, nos encontramos ya en el cuarto domingo de cuaresma, en este camino hacia la Pascua, que es el tiempo cuaresmal, este tiempo que nos ofrece la Iglesia de preparación para vivir y comprender el misterio más profundo de nuestra fe. La muerte y la resurrección del Señor, el misterio pascual, que da sentido a nuestra vida. Bien, la liturgia hoy se denomina este domingo Letare, alégrate, así como en el tiempo de Adviento, también hay uno de los cuatro domingos de preparación a la Navidad que también se denomina Gaudete, gózate.
La razón es porque hay una llamada a vivir la alegría con esperanza en la victoria de Cristo, que sabemos que dando muerte al pecado va a resucitar para que todos nosotros tengamos vida en Él. Así que este es el domingo del alégrate, alegrémonos también nosotros porque nuestra fe, la que profesamos, nos da la certeza y la seguridad, el sentido profundo de la vida, de que Dios nos ama, vencedor del pecado y de la muerte, y viviremos con Él por toda la eternidad. Por eso la palabra de Dios de este domingo nos interpela, como siempre, en la primera lectura hemos escuchado la elección, por parte de Dios a través de Samuel, del Rey David.
Y podemos destacar que Dios no se fija en las apariencias. Cuando el profeta vio al hermano mayor de David, que era alto, dijo seguramente este es el elegido para ser el Rey. Y sin embargo no fue así, Dios tenía en su corazón ya puesta la predilección en el menor de los hermanos, que era David, que estaba guardando el rebaño.
Entonces, queridos hermanos, no nos fijemos en las apariencias, que bien dice el dicho, las apariencias engañan. No todo lo que aparece así, formal y bien visto, a veces puede haber engaño y por tanto, en el corazón, que es donde Dios se fija y conoce lo que hay dentro de nosotros, de cada uno. San Pablo en la carta a los Efesios, nos exhorta a que como bautizados seamos hijos de la luz, porque Cristo es la luz del mundo.
Y quien le sigue no camina en tinieblas y nosotros somos hijos de la luz para vivir en la bondad, en la justicia, en la verdad. Por eso, queridos hermanos, la luz verdadera, que es Cristo Jesús, y nosotros queremos ser sus discípulos, misioneros, hemos de procurar siempre, con la ayuda de la gracia del Espíritu Santo, vivir haciendo el bien, ser bondadosos, compasivos, misericordiosos, de corazón, como lo es Dios. Vivir también en la justicia, la justicia de Dios, porque nuestra justicia humana, aunque la proclamamos frecuentemente justicia social, Dios mío, que venga en nuestro auxilio, porque no es tal la que se da entre nosotros.
Hay que buscar la justicia que es una mayor igualdad entre nosotros, pero superando las desigualdades inicuas que hay en nuestra sociedad. Esa es la verdadera justicia. Y la verdad, porque hay bastante mentira y engaño en nuestras palabras y en nuestra manera de conducirnos.
Así es que el apóstol Pablo nos exhorta a ser hijos de la luz, viviendo en la bondad, en la justicia y en la verdad. En idioma guaraní, que a muchos les gusta, dicen así, para llamar a uno mentiroso, yapú. Yapú es aquel que miente, pero que luego la mentira tiene las patitas cortas y más tarde o más temprano se sabe la verdad.
Hay que vivir en la verdad. Jesús es la verdad. El Padre envió al Espíritu Santo y envía a su iglesia el espíritu de la verdad.
Así es que hermanos, no seamos yapú ni mentirosos. Es muy feo ser mentirosos. Hay que decir siempre y vivir en la verdad.
El Evangelio, hoy tan largo, por eso le pedí al diácono, que a veces tiene alguna dificultad en la lectura, pues le pedí que yo lo iba a proclamar porque es demasiado largo, tiene dos o tres páginas, ¿verdad?, acá en el leccionario. Es un pasaje que nos llevaría horas poder explicarlo con todo detenimiento, pero podemos extraer brevemente esta realidad. Jesús es la luz, la luz del mundo, como él mismo se proclamó.
Y quienes procuramos seguirle como discípulos, sabemos que no caminamos en tinieblas ni en la oscuridad, sino en la luz, para no tropezar en la vida. En la vida hay ignorancia, hay a veces maldad, no buena voluntad. Y también hay obstinación, como estos fariseos.
Ellos se creían que veían y estaban obstinados, pero rechazando a quien es verdaderamente la luz, que es Jesucristo. Por eso, hermanos, acá es toda una catequesis bautismal, porque no solamente se refiere a la luz de nuestros ojos, de ver, sino a entender, comprender y dar sentido a la vida. Aquel que cree en Jesús y le sigue, aun a pesar de los sufrimientos, la cruz, las adversidades, tiene la certeza y la seguridad de vivir en la verdad y en la luz.
Este pobre hombre que había nacido ciego de nacimiento, ni por culpa de él ni de sus padres, sino para que en él se manifestara la gloria de Dios, establece este diálogo con Jesús. Primeramente Jesús hace barro con su saliva, le unge los ojos y le envía a la piscina de Siloé, y ahí, al lavarse, comenzó a ver. Esto hace referencia también a la nueva creación, con el bautismo.
Nosotros fuimos creados, según nos narra el libro del Génesis, con el barro de la tierra, y Dios sopló su espíritu y tuvimos vida. Ahora en el nuevo nacimiento, que es el bautismo, somos lavados, purificados, ungidos con el Santo Crisma para ser sacerdotes, profetas y reyes. Qué lindo es, al final, después de todas estas discusiones que tienen los fariseos con el ciego, con los padres del ciego, y que están obstinados en su ceguera.
Por eso Jesús al final les dice, ustedes no hay peor ciego que aquel que no quiere ver. Ahí está el dicho, y es así. Estos estaban obstinados en no reconocer a Jesús como el enviado del Padre, como luz del mundo.
Y por eso estaban ciegos, quizás viendo más de la cuenta, quizás con estos ojos, pero ciegos a comprender el designio y el proyecto de Dios. Digo que qué lindo es cuando el ciego de nacimiento responde a Jesús, después de haber preguntado, Jesús, ¿crees en el Hijo del Hombre? ¿Quién es, Señor, para que yo crea? El que habla contigo, le dice Jesús. Y ahí, postrándose, inclinándose, dijo, creo.
Ojalá también, queridos hermanos, nosotros continuamente confesemos nuestra fe y no nos avergoncemos ante los hombres de creer en Cristo, que es la verdad, aunque tengamos que sufrir incluso persecuciones y malos entendidos, que eso está a la orden del día. Ustedes ven las redes y la gente, ignorante y muchas veces sin conocer razones ni causa, dice lo que se le viene a la mente y a la cabeza, cosas que son totalmente distorsionadas. No hace falta que explicite más, porque todos nos damos cuenta de que eso es una realidad.
Y ahora, como vivimos en la etapa digital y de la inteligencia artificial, pues se da la oportunidad para que cada uno exprese cualquier cosa. Por eso hay que tener siempre criterio de discernimiento, de serenidad. Y de no creerse todo lo que a alguien se le antoja, sobre todo cuando viene con mala intención y no se vive en la verdad.
Bien, entonces pedimos hoy al Señor que derrame su gracia sobre nosotros y damos al Espíritu Santo que Cristo Jesús esté en nuestros pensamientos, en nuestro corazón, en nuestros sentimientos, en nuestras acciones. Y que digamos con humildad, como el ciego de nacimiento, Señor, yo creo, creo en ti, que eres la luz del mundo y que siguiéndote a ti, no caminaré nunca en tinieblas, sino que tendré la luz de la vida. Que así sea.
