En la Argentina de hoy, hay una discusión que parece contradictoria, pero en realidad revela algo mucho más profundo.
Por un lado, algunos informes muestran que el consumo está creciendo. Por otro, comerciantes, familias y trabajadores sienten que cada vez alcanza menos.
Entonces, ¿quién tiene razón?
La respuesta es incómoda, pero clara: ambos tienen razón.
Lo que está ocurriendo no es una recuperación general, sino una transformación en la forma en que se consume. Y esa transformación está dejando a muchos afuera.
Hoy vemos que crecen las ventas de autos, motos, electrodomésticos. Hay sectores que vuelven a consumir, que acceden al crédito y que, en algunos casos, incluso adelantan decisiones de compra.
Pero al mismo tiempo, cae el consumo en lo más básico: alimentos, bebidas, productos de todos los días. Es decir, lo que define la calidad de vida real de una familia.
Esta no es una contradicción estadística.
Es una fractura social.
El consumo ya no se mueve de manera pareja.
Se está dividiendo según el ingreso, el acceso al crédito y la estabilidad económica de cada persona.
Hay una Argentina que empieza a reactivarse.
Y otra que sigue ajustando, recortando, sobreviviendo.
En los pueblos del interior, esta realidad se siente con más fuerza.
El comerciante lo ve todos los días:
tickets más chicos, clientes que compran lo justo, aumento del fiado, pagos que se estiran.
La economía no está parada, pero tampoco está llegando a todos.
Y ese es el punto central que no podemos ignorar.
Porque una economía puede mostrar signos de recuperación…
pero si esa recuperación no es amplia, lo que genera no es desarrollo:
genera desigualdad.
Y cuando la desigualdad crece, no solo se resiente el consumo.
Se resiente el tejido social.
No se trata de negar los avances ni de desconocer los cambios positivos.
Se trata de entender que no alcanza con que algunos sectores mejoren si la mayoría sigue con dificultades.
El desafío no es solo crecer.
El desafío es cómo crecemos y quiénes quedan incluidos en ese crecimiento.
Hoy más que nunca necesitamos mirar la economía desde abajo hacia arriba.
Desde la mesa familiar, desde el comercio de barrio, desde la realidad concreta.
Porque ahí está la verdad.
El consumo no cayó.
Pero tampoco creció como algunos creen.
El consumo se dividió.
Y entender eso es el primer paso para construir una economía más justa, más equilibrada… y verdaderamente sostenible.
Mario Egidio Portillo
Abogado – Comerciante – Empresario
