El historiador Faustino Duarte analiza el proceso independentista argentino desde 1810 hasta 1816 y lo contrasta con las políticas económicas actuales.
El licenciado en Historia Faustino “Yiyo” Duarte publicó un análisis sobre el proceso independentista argentino, desde la Revolución de Mayo de 1810 hasta la Declaración de la Independencia en Tucumán en 1816, y lo vinculó con el debate político y económico actual.
Duarte sostiene que el 25 de mayo de 1810 no marcó el nacimiento de una nación terminada, sino el inicio de un camino. Afirmó que en aquel Cabildo se instaló la pregunta sobre si los pueblos podían reasumir la soberanía ante la caída del rey, lo que implicó que el poder empezara a subir desde abajo.
Señaló que Mayo y Tucumán no son dos fechas sueltas, sino el principio y el final de un mismo gesto. En 1810 los pueblos se gobernaron en nombre de un rey cautivo, y en 1816, sin máscara, se animaron a no tener rey.
Duarte indicó que la libertad buscada en ese recorrido no era el capricho de un individuo a solas con su propiedad, sino el acto político de una comunidad que decidía dejar de ser colonia. Agregó que el Congreso de Tucumán, al cerrar el proceso, no solo rompió el vínculo con España, sino que renunció a toda otra dominación extranjera.
En relación con el presidente Javier Milei, Duarte afirmó que “esa cláusula es la que el presidente Milei no leyó. O leyó, y la combate”. Sostuvo que Milei se apoya en una tradición que va de Constant a Hayek y que en Davos declaró que el capitalismo de libre empresa era el único sistema moralmente deseable para terminar con la pobreza. Duarte citó a Isaiah Berlin, quien advirtió que “la libertad de los lobos ha significado muchas veces la muerte de las ovejas”.
Duarte recordó que la historia argentina ya transitó esa libertad durante el régimen del 80, con libertad para exportar, concentrar tierra y endeudar al país, pero sin pueblo adentro de sus decisiones. Sostuvo que el peronismo nació en 1945 como corrección de esa estafa, y que Perón comprendió que “un hombre con hambre no es un hombre libre, es un hombre disponible”.
Afirmó que la doctrina justicialista no opuso libertad a justicia social, sino que las pensó como una sola cosa. Dijo que soberanía política, independencia económica y justicia social son condiciones sin las cuales la libertad proclamada en Mayo termina siendo un papel pintado.
Duarte indicó que el individualismo de mercado pone primero al individuo y después a la sociedad, entendida como una suma de transacciones. Afirmó que una nación se sostiene con la mano visible de millones que producen, enseñan, curan y se cuidan entre sí, muchas veces gracias a un Estado.
Finalmente, señaló que la verdadera pregunta no es si se ama la libertad, sino de quién es esa libertad: si es la del que ya tiene todo y solo pide que no lo molesten, o la del pueblo que en 1810 empezó a pelear por tener algo.
