Argentina atraviesa un proceso de desaceleración inflacionaria que, aunque visible en las góndolas, está lejos de ser uniforme. Mientras algunos alimentos que el año pasado subían a ritmo acelerado empezaron a calmarse, otros que parecían controlados volvieron a presionar al alza.
Argentina atraviesa un proceso de desaceleración inflacionaria que, aunque visible en las góndolas, está lejos de ser uniforme. Mientras algunos alimentos que el año pasado subían a ritmo acelerado empezaron a calmarse, otros que parecían controlados volvieron a presionar al alza.
El panorama que surge de los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) es el de una economía en transición: con señales alentadoras pero también con tensiones que los especialistas no pasan por alto.
Los analistas del mercado destacan que entender qué hay detrás de cada precio es entender, en parte, qué puede esperarse en los próximos meses.
Lo que muestran los datos
Entre abril de 2024 y abril de 2025, el promedio de los productos relevados por el Indec en supermercados subió 42,1%. En los doce meses siguientes, de abril de 2025 a abril de 2026, ese promedio bajó a 32,4%, aunque esconde disparidades en el desagregado de cada rubro.
Entre los productos que más moderaron su ritmo de aumento aparecen algunos de consumo cotidiano. Los huevos, por ejemplo, habían subido 53,5% en el primer período y prácticamente no registraron variación en el siguiente: apenas 0,1%. La manteca pasó de aumentar 42,6% en un año a subir un 17,3% en el otro, y el café molido fue de un incremento del 62,7% a 26,5 por ciento.
El cuadro tiene su contracara. La carne picada común, que ya había subido 49,5% entre abril de 2024 e igual mes de 2025, aceleró su ritmo y llegó al 57,2% en los siguientes doce meses. El aceite de girasol pasó de tener una suba anual de 36,7% a incrementarse 53,8%. Y la harina de trigo, que prácticamente no había subido entre 2024 y 2025 (2,9%), registró un alza del 15,3% en el último año.
Por qué subió lo que subió
Julián Neufeld, economista de la Fundación Libertad y Progreso, señaló dos factores centrales para explicar el comportamiento del precio de los cereales y de la carne: “Internamente, las panaderías trasladaron a los mostradores el aumento de tarifas, combustibles y costos logísticos. A eso se sumó el contexto internacional: los precios mundiales registraron subas impulsadas por disrupciones geopolíticas y el encarecimiento de los fertilizantes. En el caso de la carne vacuna, la fuerte suba responde a la normalización de un mercado que mantuvo sus precios rezagados tras cuatro años de severas políticas intervencionistas. Entre 2019 y 2023, se aplicaron restricciones a las exportaciones, cupos y señales contradictorias que desincentivaron la inversión y destruyeron la previsibilidad del sector. A eso se sumó la sequía, que eliminó 1,4 millones de terneros y achicó la oferta disponible. El resultado fue un mercado con demanda firme -tanto interna como externa- y menos cabezas para abastecer”.
José Vargas, director de Evaluecon, declaró a Infobae: “Algunos alimentos no reaccionan de igual manera porque sufren sobreoferta, se cae la demanda o dependen más del consumo doméstico”.
